| Rock del Valle |
|
Tucumán vivió un Festival con mucha repercusión a nivel nacional y con mucha banca. RS estuvo presente y te lo cuenta en esta completísima crónica. Quedó más que viento En un lugar soñado, bandas consagradas, de culto y emergentes se dieron cita en la primera edición del Rock del Valle. Caos, rock y cambios climáticos. “A mí me parece que el festival éste es como la película ‘Fitzcarraldo’, la que pasaban el barco por arriba de la montaña”. La comparación que el Mono Fabio, cantante de Kapanga hizo en conferencia de prensa es perfecta: para la gente de Buenos Aires –esa que dice que todo es lejos sólo porque no les queda cerca a ellos- ir a tocar a un lugar como Tafí del Valle se asemeja a una odisea. Ellos, las bandas, fueron el barco. Tafí fue el lugar elegido para que se lleve a cabo la locura: realizar la primera edición del Rock del Valle. En el medio de un paisaje que te desarma y te pega una trompada tras otra hasta que largás la obvia y a esa altura estúpida frase “me vendría a vivir acá ya mismo”, Tafí del Valle albergó a 9 mil personas en las dos noches dedicadas al rock –hubo una tercera, electrónica-, a 27 bandas y a la esperanza de que se afiance la idea de realizar un evento importante para el noroeste argentino. En el medio de la ley que el gobierno tucumano impuso –sólo se pueden realizar actividades hasta las cuatro de la mañana- el Rock del Valle dejo sets excelentes, polémicas y desorganización. Día 1 A las seis de la tarde del viernes 22, una tenue llovizna acompañaba el comienzo del festival, creando el clima ideal para que Lisandro Aristimuño realice su show. “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay”, el primer corte de su reciente disco doble Las crónicas del viento, fue el primer tema de un breve concierto que le sirvió al patagónico para presentar algunas pocas canciones de su nuevo álbum y tocar clásicos de su repertorio –“39º”, potente y delicada a la vez; “La última prosa”- acompañado por su banda habitual, los Azules Turquesas, más la participación de lujo de Claudio Cardone en teclados. Cuando iban casi cuarenta minutos de show, Tomás, el hermano de Lisandro, le dijo algo al oído que varios músicos escucharían después: “Podés hacer sólo una canción más”. “Bueno, me dicen que acá se termina”, le dijo el patagónico al público –unas escasas cien personas- y el recital terminó con “Me hice cargo de tu luz”. En conferencia de prensa, Aristimuño no le dio importancia al hecho de que su set se viera reducido: “Tenía que tocar una hora, pero los festivales son así. Hay respeto por los demás músicos que tocan y siempre se ve eso: no joder a los que vienen porque si no todo se hace muy feo. Los festivales a veces tienen esa cosa de competencia: ‘me robaste diez minutos’, entonces no quise entrar en eso. De todos modos en este festival esa competencia no existe. Quise estar en este festival y para presentar mis temas tengo mis recitales propios”.
A las siete de la tarde, el Complejo Deportivo Entre Ríos recibió a Jahmila, la banda italiana liderada por el argentino Alfredo Gomez Cadrét que dispuso sus cuarenta minutos sobre el escenario principal para armar la primera fiesta del festival. Lamentablemente, el reggae y el mensaje que transmite el grupo no pudo ser apreciado por mucha gente y al ser prácticamente desconocidos para el gran público, su set fue el que pasó más desapercibido, pero vale la pena buscar sus canciones en la web y tenerlos en cuenta. Cuando la tarde estaba llegando a su fin, comenzó el show de Antonio Birabent, el hijo de Moris, el ex conductor de La Cueva, el cantante pop devenido en cantautor pop pero con onda, melancólico y arrabalero. A solas con su guitarra, interpretó dos de sus canciones más conocidas para comenzar: “Guitarras rotas” y “Bienvenida seas”. “Me gusta mucho tocar solo –dijo después en conferencia de prensa- y además es una de las ventajas del solista. Era lindo empezar así, con el sol cayendo. Me dieron ganas y salí solo. Fue una decisión de último momento. Es algo que hago a veces, no siempre. Pero me gusta estar en contacto con la guitarra. No tocar siempre con músicos sino a veces tocar solo y cantar con la guitarra”. Luego del par de canciones en solitario, el músico sumó a sus compañeros para presentar las canciones de su muy buen álbum Armonía casera mayor. Un concierto breve, delicado y adecuado para el lugar y el horario, que sufrió lo que siempre sufren sus recitales: la poca bola. El precio que paga Birabent por hacer lo que quiere es la escasa difusión de su trabajo. “Lo que rescato es seguir haciendo lo que me gusta. Seguir haciendo esto de la manera que lo hago. Sé que es un camino a veces no muy tradicional desde el formato en el cual tocamos, o desde las letras, las canciones. Pero es lo que me gusta hacer, lo que elegí hacer y a veces es un poco más difícil, pero yo soy lo que quiero ser. Hay gente que lo entiende más y otra que lo entiende menos”.
Mientras Antonio Birabent charlaba amablemente con los periodistas, Ella Es Tan Cargosa desparramaba sus canciones en el escenario.
De ahí en más, la jornada cambió. Las tres bandas que siguieron tuvieron tiempo de sobra para tocar sus canciones –una hora y media mínimo- y no quejarse por nada. La primera de ellas fue Karma Sudaca. En un set algo excesivo, la banda jugó de local literalmente hablando, lo que hizo que tengan todo resuelto antes de subir al escenario. Karamelo Santo fue la banda que continuó con la fiesta que había insinuado Jahmila, pero la llevó a niveles mucho más altos. Aprovechando el muy buen sonido que fue característica del festival, la banda pudo entregar un show potente, donde todos los matices de su música se pudieron apreciar. Uno no puede hablar de los mendocinos si no los vio nunca en vivo, porque precisamente sobre el escenario es donde demuestran lo que son capaces. Punk, reggae, cumbia, ska y toda la actitud del mundo –esa que Ella Es Tan Cargosa sólo insinuó- dejaron listo el terreno para que una de las bandas más esperadas tome la posta y se haga cargo del cierre.
Kapanga hace el mismo show de siempre, pero no cansa, porque es efectivo y saben manejar a la gente perfectamente. Con una catarata de hits –“Me mata”, “Ramón”, “En el camino”- el grupo se metió a la gente en el bolsillo con la primera nota que tocaron, con el primer gesto de su cantante al público.
Al final, cerca de las tres de la mañana, invitaron a los Karamelo Santo para hacer “El mono relojero”, la canción que a fines de la década del noventa le dedicaron al entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde. En este caso y con la ley tucumana de las cuatro de la mañana, la canción cobró vigencia nuevamente y el poderoso grito de “andate a dormir vos” así lo hizo saber. Día 2El sábado amaneció soleado, con una temperatura elevada, que hacía pensar en una jornada sin problemas. Hasta que a las cuatro de la tarde las nubes, negrísimas, tomaron el cielo y cada persona que estaba en Tafí en ese momento pudo emular a Lisandro Aristimuño y escribir su propia crónica del viento. Un ventarrón imposible se levantó entre las cinco y las siete de la tarde, haciendo tambalear la estructura del escenario principal y ayudando a atrasar aún más todo. A las cinco de la tarde, Massacre estaba probando sonido, cuando ya debía estar tocando la primera banda en el segundo escenario. Aparentemente, los equipos de Catupecu Machu habrían llegado con varias horas de demora a Tafí, lo que hizo que las pruebas se atrasaran. Al inconveniente técnico se le sumó el climático y también el policial. Recién a las seis y media de la tarde la policía arribó al predio y pudo colocarse en la entrada y en los costados.
La incertidumbre y la poca, poquísima gente que estaba en el club a las siete de la tarde hizo que el segundo escenario, ubicado a un costado del predio tomara protagonismo. Bajo techo y con las bandas tocando, no hubo mucho para pensar. Las doscientas personas que estaban dando vueltas por el festival se apretaron en la cancha auxiliar y escucharon las propuestas menos conocidas. Gardenia supo aprovechar el momento que le tocó –unos veinte minutos- y ofreció un set contundente con las canciones de Invocación a los pájaros. La banda comenzó a tocar ante poca gente –que se había ido cuando terminó el grupo anterior- y terminó su show con el lugar casi lleno, yéndose muy aplaudidos y agotando las cien copias del disco que habían llevado para difusión. Mientras tanto, en el escenario principal, todo era dudas. Ya había pasado la hora de pensar si la jornada se suspendía o no, y ahora estaban todas las luces puestas en cómo hacer para que las bandas toquen una buena cantidad de tiempo y que no surjan los problemas de la noche anterior. Solución: las tres primeras bandas de la grilla principal fueron trasladadas al segundo escenario, dejando el primero para las tres más importantes. A las nueve de la noche, mientras Los Natas probaban sonido –y pedían faso a los espectadores-, Quedate Así, la banda del ex Cabezones Esteban Serniotti daba a conocer sus canciones. Buenas melodías y contundencia fueron los protagonistas del buen show de una banda que habrá que seguir más de cerca. Una hora después, mientras Los Natas daban vuelta por el predio sin que nadie los reconociera –con faso recién armado-, comenzó uno de los mejores recitales de todo el festival: The Tormentos dio un verdadero show de garage: actitud under y al palo. El traslado de escenario fue perfecto para el cuarteto, que si se hubiese presentado al aire libre no hubiese podido transmitir toda la energía que llevan sus canciones surf. Sin dudas, fueron la revelación del festival.
A las once y diez de la noche, cuando Banda de Turistas comenzaba su show en el segundo escenario, Los Natas empezaban el suyo, demostrando por qué son una de las bandas emblemáticas de la década que acaba de terminar. El trío comenzó su set, de poco menos de una hora, como lo habían anunciado (ver aparte): denso, colgado y súper potente. “Llévame a esa montaña” repetía Sergio Chotsourian, con la luna iluminando poco y nada los cerros, apenas asomando detrás de las nubes que habían quedado de la tarde apocalíptica; y mientras Walter Broide –o Waldo, como se lo conoce- se cogía de parado a John Bonham y Gonzalo Villagra tocaba las notas más densas de bajo que te imaginaste alguna vez. Creciendo en intensidad a medida que pasaban los temas, la banda presentó varias canciones de su último disco, El nuevo orden de la libertad. “Ganar-Perder”, “Resistiendo el dolor” o la canción que da título al disco sonaron perfectamente acopladas al sonido del grupo, tal cual lo había anunciado su cantante unos minutos antes. A las doce de la noche, muchos se querían volver a sus casas. Lo mejor ya había pasado.
Pero todavía faltaba: casi una hora después del final de Los Natas y en medio de un frío cada vez más presente, Massacre comenzó un show mitad festivalero, mitad sólo para fanáticos. “La octava maravilla” fue el primer estallido para una banda que se está afianzando cada vez más como una de las más importantes del rock argento. Walas, el mejor alumno de Luca Prodan, demostró que los kilos de más no le pesan y se cansó de derrochar carisma, diciendo que son los Massacre, divinos, un beso, tomá; y cantando en excelente forma. “Tres paredes”, “1984”, “Te leo al revés”, “Seguro es por mi culpa”, “La reina de Marte”, “Estallando desde el océano” –el cover de Sumo que grabaron en el disco doble homenaje, F’You- y “Divorcio” sonaron como lo que son: grandes canciones interpretadas por una banda ajustadísima, que sabe lo que quiere hasta en el último detalle. Para el final, “Mi mami no lo hará”, un clásico de culto de su disco más prestigioso, Galería desesperanza.
Finalmente, a las dos y media de la mañana, bajo un frío “que nos hacía pensar que estábamos en Rusia” (Walas dixit), Catupecu Machu, o la versión 3.0 de la banda de los hermanos Ruíz Díaz se plantó en el escenario y comenzó su set con “Confusión”, la canción que abre Simetría de Moebius, el reciente disco del grupo. La banda de Fernando Ruíz Díaz es totalmente distinta a la que comenzó a hacerse un nombre para el gran público, diez años atrás. Ya no está su fundador y principal motor creativo, Gabriel Ruíz Díaz; el baterista desde hace ocho años es Javier Herrlein –en lugar del ahora líder de Cuentos Borgeanos, Abril Sosa-; el tecladista desde hace dos discos –al menos oficialmente- es Martín “Macabre” González; y después de un par de reemplazos, se incorporó definitivamente a Sebastián Cáceres como bajista. Lo que siempre se mantiene en el grupo es la esencia. Uno escucha los discos y se da cuenta de qué banda se trata. No porque conserven un sonido –Catupecu se destacó siempre por mutar de disco a disco- sino por personalidad, por presencia y por riesgos asumidos. Pocas bandas actuales arriesgaron tanto como Catupecu Machu.
Por eso que ahora sea una banda realmente popular da esperanzas para el futuro del rock argentino. No todo es barrio y rocanrol, entonces. Se pueden hacer temas como “Perfectos cromosomas” y que todos los coreen. Pueden cautivar a todo tipo de público con canciones como “A veces vuelvo” o “Magia veneno” y hacer covers de Spinetta –“Seguir viviendo sin tu amor”, en una versión muy rockera- o de Massacre cuando Massacre no llenaba ni Cemento – “Plan B”, con el propio Walas en el escenario- y seguir siendo populares. De excelente humor, Fernando llevó adelante a la banda y al show, comunicándose todo el tiempo con el público y haciendo chistes y hasta un mini cover de Los Auténticos Decadentes –“Un osito de peluche de Taiwán”- en un recital que resultó ser el cierre perfecto de las dos primeras jornadas del festival, porque reunió la fiesta de la primera noche con la sobredosis de rock de la segunda.
Casi a las cuatro de la mañana, y después de una versión de “Dale!” de más de diez minutos de duración y el cierre obligado con “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, la gente abandonó el lugar, caminando en la oscuridad por la ruta que llevaba de vuelta a Tafí del Valle, pensando en que el próximo año se vuelva a realizar este festival, que a pesar de las desorganizaciones y el caos en el que se vio envuelto por momentos, es necesario para que la región se haga más fuerte en este tipo de eventos y los músicos no crean que venir para este lado del país sea parecido a hacer cruzar un barco por arriba de una montaña. Día 3Lo dejamos para alguna página amiga que sea de música electrónica, en cuanto a Rock, ya está todo dicho! MIRA LAS ENTREVISTAS EXCLUSIVAS: Para ROCK SALTA. Federico Anzardi (Enviado Especial) - Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Fotos: Organización Rockdel Valle
Comentarios (1)
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!
Un desarrollo de Host Salta - Paginas Web
|










muy pocos salteños pero bueno
el año q viene estaremos presente de nuevo si traen a buena bands como ahora
en la foto salgo con mis amigos..
el trapo de salta q tiene el loco amigo mio en la espalda siempre dejo bien arriba a la provincia
ojala salta se cope con espectaculos como este
una pena teniendo tantos lugares y pisajes tan lindos no se organuze algo como esto
buena vibracion hermanos
LA563
PRESENTE