Cosquin Rock 2017 Día 3: Siempre gana el rock and roll

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Los próceres se cortaron solos en la fecha final del festival. El punk volvió al escenario principal. El cierre llegó de la mano del poder de convocatoria de La Beriso.

Fotos de Eduardo Pece y gentileza de Cosquín Rock y FM La Plaza 94.9

El último día siempre tiene el dolor dulce de las despedidas. Todo se termina y hay que esperar un año para volver a encontrarse entre amigos de distintos puntos del país, conocer banda nuevas y ver a esos músicos que rara vez nos visitan en el Norte argentino. Una fuerte tormenta sacudió el valle de Santa María de Punilla durante las primeras horas de la jornada y confirmó eso que se dice entre la gente: no hay Cosquín Rock sin lluvia.

El preocupante aguacero acortó el show de El plan de la mariposa. Por eso, a la familia Andersen se la pudo ver más llamando la atención entre el público, con sus rubios cabellos, que sobre las tablas.

El agua siguió firme hasta las últimas canciones de Palo Pandolfo y La Hermandad. El particular cantante editó uno de los mejores discos de 2016 (Transformación), pero para el final eligió “Playas oscuras” y “Estaré”, hits que dejó su histórica banda Los Visitantes. Más tarde, Javier Calamaro encabezó la reunión de Los Guarros: entre tema y tema explicó la historia del grupo y la distancia física que mantuvo separados a sus integrantes por tanto tiempo.

Carl Palmer, el baterista del grupo e ícono progresivo de los setenta Emerson, Lake & Palmer, también encaró el show de forma didáctica. Habló sobre el contexto de las canciones antes de interpretarlas en formación power trío con jóvenes laderos. Así sonaron “The Barbarian” y “Knife Edge”, entre otras. Mencionó a sus compañeros de grupo fallecidos y aclaró que no tenía pensado irse a ningún lado. Esta inclusión de rock en inglés por parte de la organización fue un buen guiño para algunos, pero no cuadró del todo si nos guiamos por el poco público que decidió acompañar la propuesta.

En el Espacio Alternativo, Los Pericos cerraron el repaso de sus treinta años de carrera con algunos temas del nuevo disco Soundamerica (2016). Hernán Casciari volvió a los relatos que ya contó en ediciones anteriores del festival, pero esta vez contó con la presencia de su familia, los personajes de sus historias. Luego de conmover y hacer reír a todos los presentes en la carpa, dijo “no puedo entender por qué están acá” y despertó una ovación entre todos los que comulgan con el lenguaje del hincha de Racing.

A esa altura el predio estaba hecho un barrial. Cambió el paisaje de gente acostada en el pasto de días anteriores. Moverse por las largas distancias entre los escenarios se hizo más difícil, pero no se vieron mayores complicaciones. Los cielos se apiadaron en este año de crisis.

En La Casita del Blues brilló Jimmy Rip, el guitarrista estadounidense afincado en la Argentina. Estuvo acompañado de las talentosas Silvana Colagiovanni (batería) y Luli Bass (bajo). Entrada la noche, Don Vilanova/Botafogo le puso punto final a esa galería cordobesa anclada en el delta del Misisipi. El pequeño espacio mostró que el género está en un franco resurgir y que las mentes detrás de toda la mega producción del festival tienen todavía buenas ideas (así sean copiadas) para sacar de la galera. Para muchos fue lo mejor del CR17.

Pero no todas fueron flores: el Escenario Sobre Ruedas/Carlos Tortola no fue lo esperado. Si bien fue un espacio para bandas relativamente nuevas, muy poca gente se acercó hasta allí. Sucedió lo mismo que pasaba año a año en el viejo Hangar. El sonido fue el peor de los siete lugares. Un espacio para repensar totalmente.

El escenario temático propuso para el lunes festejar los cincuenta años del rock argentino. Con glorias vigentes y de décadas pasadas se ofreció una mirada bien nostálgica. Alejandro Medina y Javier Martínez tocaron a la tarde con sus grupos solistas. Al baterista le tocó el cambio de clima. Pasó de lluvioso a soleado, por lo que sentenció que “con lluvia o con sol siempre gana el rock n roll”. A pesar del reciente disco en vivo, los ex Manal ni amagaron a juntarse en las tablas. Lo mismo pasó con Ricardo Soule y Willy Quiroga. Incluso ambos Vox Dei recrearon “Génesis” en sus propios sets. ¿Tan difícil era hacerla juntos, maestros?

Fabiana Cantilo y Celeste Carballo representaron a las mujeres del rock vernáculo con sendos shows propios. Fabiana sumó al suyo a Claudia Puyó. Pero el escenario temático se llenó como nunca antes en las tres noches para el recital de Fito Paéz, que apareció con una lista de hits insuperables que incluyó “Gente sin swing”, “11 y 6”, “Al lado del camino” y otras tantas que calan hondo y generan que se abrace a la persona amada o se mande un audio/video de whatsapp con solo unos acordes. El rosarino dio cátedra, realmente. Juanse y Rolo Sartorio subieron para interpretar “Cowboy”, de Ratones Paranoicos, junto al cantante que en su momento sintió asco por la mitad de Buenos Aires.

La Beriso, la banda de Rolo, fue la encargada de cerrar el festival. Demostró su enorme poder de convocatoria. Pero algunos piensan seriamente que La Beriso no tiene nada que ver con su idea de rock. Puede bajar el mismo Lennon de los cielos, reunir a los Beatles e invitar a cantar a Rolo. Pueden llenar River decenas de veces o cantar con los Rolling. Aún así, muchos no van a congraciarse con esta banda liderada por el cantante de gorra y pensamiento político nefasto.

Pedro Aznar, en plan show de teatro; David Lebon, con muy buena presencia de público, y Los Twist con clásicos ochenteros completaron la grilla entrada la madrugada para un festejo que se sintió no del todo acertado y falto de interacción entre los propios músicos.

En el Ceremonia Geiser, el tucumano Diosque transformó la carpa en una pista de baile mediante sus canciones pop electrónicas. Desde hace un tiempo que viene recibiendo muy buenas críticas por el periodismo especializado. Los Banda de Turistas dijeron presentes una vez más en el festival pero esta vez les tocó un horario difícil y sumamente competitivo.

Los Violadores, con formación original, era algo sumamente esperado para los amantes del punk que no pudieron ir al show del regreso en el Luna Park. Festejaron temas como “Más allá del bien y del mal”, “Bombas a Londres” y la obvia despedida con “Ultraviolento”. Attaque 77 demostró su gran momento con un set similar al de unas semanas atrás en el Baradero Rock, donde no quedaron afuera los clásicos pero también aparecieron los nuevos temas que la banda lanzó el año pasado.

Las Pelotas juegan de locales en cada Cosquín Rock y esta vez no fue la excepción. Su lista de temas no se diferenció mucho del show en el Personal Fest Verano 2017 en Salta, pero siempre es bueno ver a una de las mejores bandas argentinas de la actualidad. Un grupo con ambiciones y apertura musical.

Con la noche encima, el escenario Quilmes Garage fue el soplo de aire fresco necesario entre tanto mastodonte. Por allí pasaron los mendocinos de Perras On The Beach, revelación del 2016 de la mano de su rock folk lo-fi plasmado en el debut Chupalapija. Simón Poxyran, su voz y líder, toca la criolla y flashea, con su pelo platinado, sin remera y de jardinero. Compararlo con el Pity Álvarez sería la obviedad, pero es cierto que hay una limadura y talento innegable en ambos. La banda es un proyecto paralelo de los integrantes de Usted Señálemelo, que tocaron temprano en el mismo espacio. “Mi cabeza es una heladera desenchufada /Todo lo de adentro/Se está derritiendo”, dice una de las canciones del mentado disco debut. Así son Los Perras, unos pibes sub 20 que vinieron a hacer la suya. Por eso el lugar estaba lleno de pibes que sintonizaron instantáneamente con ellos. Luego siguieron Detonantes, con nuevo disco bajo el brazo, y los platenses de Valentín y los Volcanes, que en el mismo fin de semana metieron show en el Festipulenta, evento de culto en Buenos Aires, y en las sierras del Cosquín.

Uno de los grandes atractivos del festival fueron Los Espíritus, que descollaron en Lollapalooza 2016 en plena tarde en San Isidro. Ahora les tocaba debutar en el CR y cerrar el mentado escenario de la cerveza. El sexteto comandado por las voces de Maxi Prietto (también en guitarra eléctrica) y Santi Moraes (también en guitarra acústica) tiene solamente dos discos editados, pero tanto el homónimo de 2013 como Gratitud (2015) son armas de ensoñación masiva esperando ser descubiertas. Psicodélicos y bluseros por igual, la banda no para de generar nuevos adeptos, y su mejor carta para lograrlo es un show en vivo. Así brillaron la hermosa y apropiada “Noches de verano”, la lacrimógena “Negro chico” y “Perro viejo” que desató un gran pogo bailarín en el hangar. Además adelantaron “El mapa vacío” y “La mirada”, dos temas del nuevo disco que estuvieron grabando hace unos meses atrás y que seguramente los llevará a seguir ampliando su campo de acción por rutas nacionales e internacionales. La banda es uno de los nuevos sonidos de exportación del rock argentino. Y aunque México seguramente resulte más atractivo económicamente también hace falta verlos en el NOA compartiendo una de sus famosas fechas “Hacele caso a tu espíritu” junto a bandas psicodélicas locales.

Concluyeron así tres días donde el pueblo de Santa Maria de Punilla recibió, una vez más, con los brazos abiertos a los viajantes de todos puntos del país, que esta vez no fueron tantos. Se habla de alrededor de setenta mil almas, muchos menos que en años anteriores. Pero para una época de crisis, la resistencia y la continuidad son menester.

Acá la cobertura del Día 1: Más de diez

Acá la cobertura del Día 2: Hay buena semilla

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