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Cuadros dentro de cuadros

La convención de historietas Crack Bang Boom celebró su octava edición y se reconfirmó como la más importante de Sudamérica.

Por Lucas Canalda
Fotos de Guillermo Turin Bootello (cortesía de Municipalidad de Rosario)

Desde hace ocho años Rosario se vuelve epicentro latinoamericano de la historieta por un puñado de días. Crack Bang Boom, la convención que encabeza el dibujante Eduardo Risso, pone a la otrora Chicago argentina en los respectivos GPS de la industria, los lectores, cosplayers y medios de comunicación para vivir una experiencia colectiva de todas las edades y todos los idiomas, incluidos castellano, inglés, portugués, wookie, klingon y élfico. La Crack, como se la denomina informalmente, funciona en varios niveles posibles: encuentro de industrias culturales para actores de la historieta, para editoriales, distribuidores, librerías, escultores, espacios gastronómicos, diseñadores, geeks de todo tipo y la familia en su plena extensión. Desde los invitados de primerísimo nivel internacional como Frank Miller, Brian Azzarello, el homenaje a Quino, el color del desfile de cosplayers hasta el ámbito de fanzines con los jóvenes autores que son los protagonistas por venir, todo invita a ser parte de una experiencia inclusiva que transforma a la ciudad agotando la capacidad de alojamiento.

Días

“El evento fue pensado para movilizar la industria y eso también es lo que nos enorgullece cuando termina. Primero porque nos damos cuenta que se ha convertido en un lugar referencial para lanzamientos editoriales; segundo, porque hemos visto que es un punto de encuentro de oportunidades”, explica Risso, el hombre que encabeza el comité organizador, una eminencia internacional de la ilustración de historietas. Parque Chas, 100 Balas, Batman, son algunos de los títulos que arroja su CV desde 1981 hasta hoy. En una vida dedicada a los comics Risso fue distinguido con varias premios internacionales como el premio Eisner, el Harvey, y Yellow Kid (en clave cinematográfica debería leerse como “ganó el Oscar, la Palma de Oro, y el Globo de Oro“). Risso dio comienzo a la aventura de CBB en 2010 y si bien admite que las semanas previas son agotadoras, luego de ocho ediciones, ya está habituado al vértigo de organizar una convención internacional de un nivel único en Sudamérica. En 2017, con la presencia de Miller, la vara vuelve a elevarse y muchos ya se preguntan qué sorpresa tendrá bajo la manga para la novena ocasión: “Se arranca una Crack y ya se está pensando en la próxima, de hecho, yo ya estoy pensando en la siguiente. En los viajes que hago voy pensando qué hacer, porque me encuentro con colegas, con amigos, y a los que ya tengo contactados”.

Las cuatro jornadas que dura la convención se viven de galpón en galpón, de una presentación a una charla y de ahí a conocer nuevos talentos en la carpa de los fanzines. Junto al Paraná se puede descansar en el césped verde mientras Rick Sanchez pasea, o acercarse a conocer al inigualable Gato Moncholo que se fotografía con sus fans, birra en mano, por supuesto. Por la noche, cervezas, tragos, fiestas de editoriales y la fiesta de la Crack, todo está dispuesto para transformar a la costanera centro en la base de operaciones para miles de militantes de la historieta. Juan Angel Szama, CEO de Szama Ediciones y parte de la comisión organizadora, explica que “la idea detrás de CBB es que tenga el formato de festival europeo con una estructura de convención estadounidense”. “Luego, en función de eso, vamos adaptándolo a nuestra propia idiosincrasia en pos de no dejar a nadie afuera -sigue-. El espacio destinado a fanzines es un reflejo de eso. El espacio de fanzines se pide de modo gratuito y es una de las tantas actividades que se pueden desarrollar en la Crack sin una entrada. Esto se hace así en pos de promover un tipo de material que quizás no podría participar de otro modo. La única curaduría es espacial, cuando no hay más espacio dejamos de tomar pedidos. Pedimos que todo el material exhibido sea de producción propia y que las publicaciones tengan un porcentaje alto de historietas e ilustración. Por fuera de eso CBB no interfiere en los contenidos, el estilo o la calidad de las publicaciones exhibidas”.

Además de desarrollar su propio sello editorial, Szama es artista plástico y un hombre que milita la historieta desde los 90, teniendo sus primeras experiencias en el fanzine. Sobre el contexto de presente inflación y recesión, observa que “la industria editorial nacional atraviesa tiempos complicados”: “Por ahora la historieta viene resistiendo el bajón económico y además está presentando cada vez más autores y editoriales independientes. Eventos como Crack Bang Boom son necesarios para presentar el material editado directamente al público y vender el mismo en el evento permite que el dinero vaya directo al editor sin pasar por un distribuidor. Crack Bang Boom se convirtió en uno de los lugares más relevantes a la hora de presentar nuevos proyectos. Por otra parte muchas editoriales pequeñas en estos tiempos de crisis buscaron colectivizarse para dividir gastos, conseguir precios en imprenta, transporte. También muchos sellos están maximizando recursos optando por la coedición”. Risso, desde una experiencia que abarca cuatro décadas tanto en nuestro país como en Estados Unidos, Italia y Francia, puntualiza sobre tiempos pasados y actualidad de la industria del comic nacional: “Culturalmente, nosotros teníamos un poder que era tan fuerte que todavía seguimos viviendo de eso que se instaló hace setenta años atrás. A eso hay que sacarle el jugo, por eso también Crack Bang Boom. Por eso también es bueno que existan Comicópolis, Dibujados, Comic Con y las pequeñas convenciones como hay en San Luis y Salta. Todo eso genera visibilidad ante la gente. El comic ha tenido un reverdecer a nivel mundial. Primero, el comic sigue siendo algo que lo tenés que ir a buscar, no te llega. Segundo, vos tenés que interactuar. Si vos hacés un buen comic, si no les das todo servido al lector sino que sugerís más, el lector tiene que interactuar. Esos son códigos que todavía prevalecen en el comic y a los que la gente les interesa mantener”.

Eduardo Risso y Frank Miller, durante la CBB.
Eduardo Risso y Frank Miller

Noches

Fue Robert Crumb quien en los años 60 asentó la piedra angular para el vínculo definitivo entre historietas y rock & roll, un ciclo de retroalimentación que ya casi alcanza medio siglo. Esa tradición goza de plena salud en cada una de las noches del CBB. Cada jornada se cierra en bares de la cercanía a la franja joven del río como el ya mítico El Diablito o en fiestas temáticas que reúnen a todos los expositores, artistas, editores, periodistas y lectores. Desde el miércoles por la noche hasta el domingo las horas se viven entre cervezas, pizzas, asados, más cerveza y rock. El sábado por la noche llega el turno la fiesta oficial de la convención, concurrida hasta por el mismísimo Frank Miller, quien a sus sesenta años sabe cuándo es party time. Los tres pisos de Kubrick se llenan hasta el amanecer, con dos pistas con diferentes DJs y en el subsuelo recital en vivo de Lesbiano y su banda. La noche del viernes en el clásico Berlín Café tiene lugar el Big Sur Fest, encuentro organizado por el colectivo Big Sur, conformado por las editoriales Términus, La Pinta, Le Noise y Szama Ediciones. El encuentro propone “Batalla de dibujantes” ante un tópico sugerido por el público y luego rock hermanante hasta la madrugada.

Al día siguiente, luego de una noche de cerveza y rock, los historietistas sorprenden. Tras un desayuno colectivo, la energía parece plena y duradera, como si la convención y el sentimiento de cofradía les inyectara estamina extra. Por delante hay otra jornada de charlas, ventas, firmas y presentaciones y la pila sigue andando.

“Nosotros en el colectivo Big Sur enfocamos y trabajamos mucho el tema del encuentro entre lector y autor. Tratamos mucho el tema de acercar a la gente de afuera del mundillo para que no seamos siempre los mismos. Nos damos cuenta que hay muchísimo terreno virgen en cuanto a gente que quiere leer historieta, que le gusta y no sabe que lo que hacemos en muchas de las editoriales que hay en el país trabajando, que existe ese material, no sabe cómo acceder a eso, trabajamos para que ese acercamiento sea fácil y ameno”, explica el artista Loris Z desde el stand de Big Sur.

Loris nació en Italia pero creció en Argentina y desde su adolescencia concentra su creatividad en las historietas. Diario, un año de historietas, editado por La Pinta en 2013, es una bitácora de 365 días en la vida de un historietista melómano conviviendo con una ciudad y todo aquello necesario para pagar el alquiler. El sábado, mientras conversa se escapa a fumar junto al Paraná y vuelve para firmar y vender libros. La noche anterior estuvo hasta la madrugada cantando, saltando y disfrutando del BS Fest. La transpirada remera de Ramones de la víspera, al igual que sus trabajos, evidencian su febril corazón musical. “Cuando pibe era muy pero muy punk. Después cuando era adolescente me alejé de todo eso y me acerqué a lo gótico y lo industrial, estuve metido por muchos años en ese mambo”, apunta. “Hace unos años, a raíz de cosas que me pegaron mucho, me pasó de volver a encontrarme con eso del punk. Fue volver a salir, volver a poguear, volver a transpirar en antros de mierda, perder lentes, astillarme lentes”, agrega el autor, riendo.

Entre agite con temas de Beastie Boys, Rage Against the Machine y Flema la noche tuvo un emocionante momento cuando “El mundo extraño” de Él mató a un policía motorizado sonó en el bar y las doscientas cincuenta personas presentes entonaron la canción a pura garganta y emoción. Mientras sonaba ese nuevo himno de los platenses, Loris era uno de los que estaba saltando delante del escenario, pogueando frente a los atriles del desafío entre artistas. El dibujante y el grupo de Laptra tienen un vínculo especial desde el año pasado, cuando el ítalo-argentino publicó Navidad de reserva, fanzine autobiográfico construido alrededor de cinco recitales de la banda encabezada por Santiago Motorizado. Desde la primera persona, Loris logra retratar la íntima alquimia de nuestro ADN y las canciones que elegimos. Las viñetas de la publicación dejan una premisa sanadora que tiene vocación de mantra: “El pogo te salva”. Vorterix, Niceto, Groove: allí está Loris poniendo alma, cuore y sudor, enamorándose, viviendo, reparándose mediante el poder sanador de la distorsión. “Esa frase de ‘el pogo te salva’ la terminamos acuñando con otros amigos editores y la adoptamos para convertirla en un mote nuestro”, cuenta.

navidad de reserva fanzine fragmento

El material además puede leerse como una cápsula de tiempo que captura los momentos previos al salto a la masividad de Él mató. “Nunca pensé en la posteridad. En la mesa donde se hacen las cosas nunca pienso en lo que habrá de venir. Me alegra mucho la manera en la que fue recibido el fanzine. Todo lo que se generó fue muy fuerte y bello, muy emocionante. Los chicos de la banda lo recibieron y se re interesaron por todo el proyecto. Fue zarpado”, explica el autor mientras mira cómo un Superman liquida una lata de birra. ¿Imposible? Claro que no, estamos en Crack Bang Boom.

Artículo publicado en la revista Rock Salta 25, de noviembre de 2017. 

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