Dulce, fuerte, grave

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Luciana Tagliapietra habla de Kawaii, el gran disco que publicó en septiembre pasado. Intensidad, amor, desamor y canciones pop armadas por WhatsApp.

Foto: Paula Aparicio (gentileza Luciana Tagliapietra)

En septiembre del año pasado apareció Kawaii, el cuarto álbum de Luciana Tagliapietra. Está disponible en Spotify y Bandcamp y ofrece siete canciones de pop dramático. Es, sin dudas, el mejor disco que sacó hasta el momento. Una nueva puerta sonora que le permitirá mayor creatividad artística.

Lo primero que se nota al escuchar Kawaii es precisamente el cambio de sonido respecto a los discos anteriores, algo que la tucumana quería lograr hace tiempo. Los Domingos (2009), Diagrama de Ben (2011) y La Luna (2013) fueron álbumes de indie folk un poco barroco, algo rockero, con cuerdas y vientos. El último, encima, con Litto Nebbia de invitado y Leopoldo Deza de arreglador. Luciana nunca tuvo chances de virar hacia un formato de pop electrónico a pesar de que la idea siempre estuvo en su mente.

“Todos los discos que hice y todos los procesos que tuve los hice con la misma alegría y esperanza. El pop siempre me tiró mucho pero de repente surgieron otras cosas. En Diagrama de Ben apareció una posibilidad muy fuerte de usar instrumentos orquestales, campanas tubulares, marimbas y ese tipo de cosas que ya le daban… ya era una situación muy acústica. En La Luna de nuevo quería virar para el pop pero no pude porque elegí un productor, un sello (Melopea) y toda una cosa que era claramente más folclórica. Primero no sabía bien por qué estaba yendo hacia ahí, era una corazonada nada más que tenía. Y es difícil (cambiar) cuando ya encarás una cosa. De todas formas me siento bien con eso que sucedió porque tenía que suceder así, pero a lo que voy es que yo me esperaba otra cosa y ya no podía detener ese tren”, explica Luciana en un bar cercano a su casa de Almagro, en Buenos Aires, donde vive desde hace cuatro años.

Las características de La Luna obligaban a tener una banda grande, lo que complicaba las presentaciones en vivo (“es difícil girar sin presupuesto”). Pero todo empezó a cambiar en 2014, cuando Luciana formó Las Chicas Nieve junto a su hermana Agostina y Pola Diaz Mendilaharzu, también tucumana. El trío dio el primer paso real para llegar a Kawaii. “Al ser tres y tener mucha armonía de grupo pudimos viajar a Chile, a España. Y cuando volvimos hice el disco”, cuenta. En 2016 apareció “Escala”, un simple producido por Mario Pak que confirmaba el rumbo. La participación de Pak fue fundamental: él recomendó a Ignacio Molina como productor del álbum que se gestaba.

Las Chicas Nieve: Luciana con su hermana Agostina (izq) y Pola Diaz Mendilaharzu. Foto: Facebook LT.
Las Chicas Nieve: Luciana con su hermana Agostina (izq.) y Pola Diaz Mendilaharzu (der.). Foto: Facebook LT.

“Mi encuentro con Ignacio tiene que ver con mi encuentro con Mario, que es medio tucumano, medio coreano, medio porteño. Con él y con las chicas hicimos ‘Escala’, que lo subí y empezó a tener un montón de reproducciones”, dice Luciana. La buena repercusión que el single tuvo en Spotify terminó de convencerla. “Mario, que es un excelentísimo productor, me hizo encontrar con Ignacio porque él no podía (producir el disco). Además ahora vive en Chile. Entonces me hizo la conecta”, cuenta. Molina y Pak, ambos colaboradores de Leo García, también forman parte del trío Hotel Casino, junto a Julián Martí, ex cantante de Códex. El rumbo hacia el pop estaba finalmente trazado en la carrera de Luciana. “Con Las Chicas Nieve ya estábamos usando máquinas de ritmo, con ese sonido, y se iba todo para ese lado. Lo encontré a Ignacio porque estaba buscando un productor que pueda entender esa búsqueda. Fue muy perfecto lo que se dio, justo lo que quería para este disco”.

Kawaii es pop dramático porque tiene canciones intensas, jodidas como un noviazgo enquilombado que pasa del cariño al desprecio en dos movimientos. Las letras de Luciana desbordan inseguridad, malestar, pasión y desamor. Atacan y piden por favor. Su voz parte de esa aparente parquedad que es un poco marca de fábrica hacia estribillos más exigidos y melódicos que provocan entusiasmo inmediato. Es lo que pasa con “Un monstruo”, el segundo tema del disco. “Soy un monstruo y soy fatal”, se autoflagela Luciana, antes de cantar sobre su “tragedia personal”: “Otra vez volviendo al ruedo/ Empezando a maquinar” y llegar a la conclusión demoledora: “Otra vez estoy inestable”. Otro ejemplo es el comienzo de “Paisaje”: “Enferma, tirada y llorando en la plaza, te vi”.

“Yo soy así, soy insoportable, realmente. Es el reflejo de mis sentimientos”, reconoce, entre risas. Kawaii remite un poco a Julia Holter y al extraordinario disco Have You in My Wilderness, de 2015: “Lo re escuché y me encanta, lo amo, la amo a ella. Con Ignacio muchas veces hemos hablado de referencias y ésa era una. También Grimes. Lo que tiene Ignacio, que me gusta mucho, es que es muy actual y a la vez es retro todo el tiempo. Te recuerda a, no sé, New Order, algo más viejo pero que es de ahora. Esa mezcla de electrónica y elementos del rock. No es electrónico puro”.

Kawaii Luciana Tagliapietra

“Kawaii”, la canción, es la más parecida a los discos anteriores de Luciana. Fue producida por Pablo Márquez Grabia y, hay que reconocerlo, suena un poco descolgada del resto. En ese contraste es donde el trabajo de Ignacio Molina cobra mayor relevancia. Luciana lo reconoce y cuenta cómo fue el método de trabajo: “Confié mucho en él como productor de toda la parte musical. Él hizo todo, tocó todo el disco. Yo estaba con mi embarazo recontra avanzado cuando recién logré encontrarme con él. Antes había charlado con otros productores, me habían hecho propuestas y no me gustaban. No puedo decirte con quién (risas). Estaba obsesionada con sacarlo antes de parir, cosa que no logré. Pero con él todo bien. Lo que hacía era mandarle la canción, la línea melódica, y él me mandaba una idea. Íbamos trabajando por WhatsApp porque él vive en Bariloche y en ese momento vivía en Santa Fe. Yo le mandaba una parte, le decía ‘se me ocurre un coro para acá’, entonces le grababa desde mi casa. Él después se vino a grabar voces en un par de ocasiones y a conocernos, porque ni siquiera nos habíamos visto la cara”.

Kawaii significa “lindo” o “tierno”. Para Luciana la palabra llegó de manera casual y, como el encuentro con Ignacio, funcionó perfectamente en el disco. “No lo pensé mucho al nombre. No conocía el término. Cuando le dije a Mario Pak el nombre de la canción, me dijo que era un término japonés. No tenía mucho sentido, digamos, pero quedó y encaja porque todos los sonidos y todos los teclados tienen esa cosa naif y linda. Está bueno”, dice.

Si hay que ubicar a Luciana Tagliapietra dentro de un género habría que meterla directamente en el infinito y variopinto mundo del indie. La escena porteña a la que ahora pertenece le da lugar pero su música se pierde entre cientos de discos, miles de canciones que aparecen a cada rato. Kawaii no ha tenido demasiada difusión en los medios hasta el momento, a excepción de los elogios que el ex Soda Stereo Zeta Bosio le dio en Perros de la calle, el programa que conduce Andy Kusnetzoff en la radio Metro. Y debido al nuevo rol de madre de la artista los shows en vivo han sido pocos. Es un disco para descubrir casi por completo.

“Este año recién me estoy armando, estoy en un paréntesis importante”, reconoce Luciana, anticipa que para abril publicará al menos una canción nueva y hace la inevitable comparación entre las escenas de Buenos Aires y Tucumán, tan parecida a la de Salta en muchos aspectos: “No estoy muy al tanto de la escena de acá. Hace muy poco fui a cantar con Bruno Masino (también tucumano). Acá hay una escala mayor, es más profesional, pero no sé bien en qué sentido, porque los dueños de los lugares a veces son recontra forros con los músicos. O casi siempre. Es re difícil tocar. Un bar que vende la cerveza, que vende todo, igual cobra un porcentaje de las entradas. Es difícil la difusión. Acá es todo en una escala más grande pero es igual que en cualquier lado. Y encima es más difícil mover gente. Por lo menos dentro de los circuitos que yo conozco”.

La inseguridad que Luciana demuestra en las letras de sus canciones se percibe cuando la charla pasa por zonas extramusicales. En medio del debate por la igualdad de género, la necesidad del aborto legal, seguro y gratuito y las denuncias por abusos en el rock, la tucumana trata de reflexionar al respecto: “Tengo formadas mis ideas pero me cuesta un poco hablarlas, no soy de tener un speech. Sobre todo porque pienso mucho las cosas. Siempre estoy pensando. Me parece que (reivindicar el feminismo) es lo que tenemos que hacer las mujeres. Yo no he tenido experiencias muy malas porque siempre he defendido mi lugar como mujer, como persona. Yo me paro en un lugar y chau. Por más que ahora no sepa cómo decírtelo y me ponga insegura, pero no he tenido esa mala suerte. Quizás sí en experiencias personales, más allá de la música”.

“Puede ser que yo, a veces, tenga estereotipos de formas de ser -reconoce-. Que piense ‘esto lo haría porque es femenino’, y que a veces me tire más hacer una cosa masculina y piense ‘no, esto no es de mujer’. Que piense que una cosa violenta, ruda o torpe solamente forman parte del hombre, y ser suave sea ser mujer. Y yo a veces tengo una energía en la que soy más torpe. Me ha pasado alguna vez decir ‘qué estoy haciendo’ y después darme cuenta y decir ‘no, pará: soy yo’. (Hay que) Aceptarse a uno mismo. Para ser mujer y para aceptarte a vos misma tenés que trascender también esa barrera de si sos linda, si no sos linda, y que la mujer tiene que ser esa suavidad perfecta, que obviamente está impuesta desde siempre. Entonces, cuando pasás por encima de eso decís: me importa un choto”.

El proceso de grabación de Kawaii comenzó en marzo de 2017, cuando Luciana estaba embarazada de siete meses. Esperaba a Paloma, su primera hija. Las canciones surgieron en una etapa previa al embarazo pero su estado definitivamente fue determinante para grabarlas. “Creo que hay una que sí es del momento de estar embarazada pero todas las otras son anteriores -detalla-. Las venía tocando y las quería grabar. Hice otras canciones durante el embarazo pero no están en el disco. Capaz que si no estaba embarazada le iba a dar más vueltas al asunto. Creo que es un disco que me salió con mucha entrega, con mucha vitalidad. Lo que yo deseaba en ese momento era que fuera algo vital. Como ahora no tengo mucho tiempo y mi energía se consume mucho con mi bebé, es como que quiero salir al escenario y bailar. Quiero vivir la música como algo muy divertido. También por esto que soy una persona muy depresiva e insoportable (se ríe) necesito divertirme de alguna manera”.

“Yo siento que soy una persona muy emotiva desde que he nacido, desde que tengo conciencia -sigue-. Sí, obviamente, cuando estás embarazada pasás por un montón de estados emocionales muy importantes y nuevos, que nunca habías tenido. En ese sentido ha sido un gran cambio ser madre. Por ahí en la etapa previa a tener un hijo, en la juventud, podés dar vueltas en una cosa muy tonta. Cuestiones como enroscadas: qué pensará tal, si hago esta música qué dirán. Creo que la maternidad me ha dado una confianza. Esto es lo que yo quiero hacer y listo. Algo así, algo que tiene que ver con eso. Es como que te das cuenta de que en realidad el sentido de la vida a veces supera al sentido del arte. Y el sentido del arte se hace mucho más importante. Todo cobra mucho más sentido, porque si estás teniendo una vida a tu cargo, a esa vida le tenés que dar un marco, le tenés que dar un mundo, le tenés que decir cosas. Empezás a ver con ojos de alguien recién nacido. Es como una locura, se te resetea la cabeza y todo lo mirás de otra forma. Te das cuenta cuando algo es una pose, cuando algo es muy superficial, cuando algo no sirve o no dice nada. Siendo madre eso me ha pasado mucho con los valores. Hay cosas que no me interesan más. Ciertas cuestiones muy banales que tiene el pop, por ejemplo, más allá de lo musical, que tienen que ver con una cierta complacencia. Eso me molesta. Porque yo también soy muy ingenua, vivo en una nube, entonces me pasó eso: despertar en ese sentido, que la música sea un aporte real al mundo”.

Artículo publicado en la revista Rock Salta 28, de marzo de 2018. 

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