La lengua popular

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Luis Leguizamón recuerda la relación del Cuchi con el rock. Los encuentros con Spinetta, Fito, León y Aznar. La inclinación de su padre por los cantores cercanos al pueblo y la indignación ante la falta de estudio.

Mi viejo siempre ha sido muy abierto a toda la música. Escuchaba de todo: folclore, clásico, rock. Incluso le gustaba Roberto Carlos, decía que era el mejor cantor de Brasil porque era un cantor popular. Siempre decía que el cantor popular tenía que tener algo particular, y mucho mejor si tenía buena voz, como Mercedes Sosa. Veía gente en el rock que con su carisma le devolvía a la gente lo que le estaba pasando. Porque el rock era mucho más social que el folclore, él reconocía esas cosas.

Lo que más le gustaba era que muchos rockeros con los que hablaba sabían de música. Tenía muy buena onda con un montón. Con Pedro Aznar se sentaba y hablaba muchísimo. Cuando vino Soda Stereo, vinieron a la casa, charlaron de música, se sacaron fotos.

Cuando muere el Flaco Spinetta yo pongo en el Facebook una foto del Cuchi con él. Se encontraban seguido. Me acuerdo de un abrazo que le dio en la puerta de Sadaic. Yo no lo podía creer porque escuchaba sus discos siempre, para mí era un groso. Hablaron muchas veces, también con Charly García, de quien decía siempre que era el único con oído absoluto que había conocido. Cuando León Gieco lo llama para hacer De Ushuia a La Quiaca se va a Buenos Aires. Cuando estaban en el ensayo le pidió que cantara, él se negó porque no era cantante, y Gieco lo convenció de que era sólo para que él se guiara. Después lo terminó sacando en el disco y mi viejo estaba cagado de odio, tenía ganas de matarlo. Después yo me lo encontré y lo quería matar, porque si mi viejo estaba enojado para mí era suficiente (risas). Después, el chango del Café del Tiempo, Urtasún, me dijo que yo era un boludo porque todo lo que hacía mi viejo era arte, que nadie lo iba a juzgar por no ser cantante.

Un día vamos a una reunión en la que también iba a estar Fito Páez. Liliana Herrero había grabado “La viuda”. Lo llevan al Cuchi y le ponen el disco para que lo escuche y él dice que el piano era malísimo, que quién lo tocaba. Fito Páez le dice que él tocaba. Entonces el Cuchi lo mandó a que vuelva a escuchar su versión, lo sentó al lado y le mostró cómo tocarla.

Muchos le pedían temas al viejo. Los Nocheros llegaron a la casa y le pidieron un tema. Querían cantar “Maturana”, entonces les dice “bueno, vengan, háganlo en Re menor sostenido en séptima”, y Mario (Teruel) le pide que haga el acorde para poder sacarlo. Mario, orejero, lo sacó al toque pero el viejo le pregunta: “Pero chango, ¿vos no sabés música?”, y los sacó cagando, los mandó a estudiar música y que después vuelvan. Mi viejo no tenía ganas de perder el tiempo.

Había changos que estudiaban música y venían a la casa, a lo mejor anónimos que yo particularmente no los registro, no sé qué habrá sido de ellos. Pero es que si se podía hablar de música en serio, el viejo hablaba con cualquiera, no tenía problema. Lo que pasa es que al viejo lo enojaba que hubiera algunos que laburaban con la música y no la estudiaran. Hay changos que cantan con una voz increíble y nunca estudiaron canto, esos pibes no prosperan, a los cincuenta años ya no cantan más porque no educaron su instrumento. Mercedes Sosa seguía estudiando canto incluso meses antes de morirse, todos los días aprendía algo.

La parte contestataria él la hace con Armando Tejada Gómez, que ha sido un escritor de izquierda sumamente interesante porque no fue panfletario. Además de denunciar los quilombos introducía soluciones. En todas las letras que hace denuncia, de alguna manera aporta una solución.

Armando a lo mejor ha sido lo más contestario a lo que el Cuchi le puso música. De alguna forma, muy sutil, (Manuel) Castilla también. En la “Chacarera del Zorrito” dice “a los que tienen les roba”. Era la época del Proceso, no era fácil decir eso, por ello fue mucho más sutil que Armando, o que Hamlet Lima Quintana, que ha sido muy directo.

El Cuchi con la “Chacarera del expediente” metió una bomba: “Esos que amasan millones/ Tienen la Casa Rosada”. Es verdad que en la época del Proceso, el folclore no hizo tanta contestación como el rock de lo que sucedía con la gente a causa del accionar de la policía y de los militares. En el rock hay otro compromiso, por eso a mí me molesta cuando sale algo de rock que no tiene esa característica contestataria. Al Cuchi le interesaba mucho esa parte social.

Una vuelta me invitan a cantar en la inauguración del shopping de Salta, el nuevo “opodromo”, querían que hagamos un homenaje al Cuchi. Iban a cantar el Chaqueño Palavecino y Horacio Guaraní. Entonces les dije a los que me habían llamado que con Guaraní estaba todo bien porque había sido muy amigo de mi viejo, pero, ¿el Chaqueño? ¿qué homenaje puede hacerle? Todo bien con él, un cantor popular, generoso con su público, ahora bien, para un homenaje al Cuchi, en ese momento, no lo llamaba. Después ya grabó cosas de mi viejo.

Yo creo que hace como treinta años instalaron una moda, que era que cada uno que venía hablaba del Cuchi. Susana Rinaldi un día le dijo a través del diario que lo esperaba en su recital y mi viejo fue con sus cuatro hijos, éramos cinco. Cuando llegamos y vamos a sacar la entrada era mucha guita, entonces sacamos en el gallinero. Cuando Rinaldi empieza a cantar, en un momento dice que le habían avisado que estaba el Cuchi en la sala, lo convoca al escenario para saludarlo, y el Cuchi estaba en la popular (risas). Después vino a la casa la Tana.

A mi me parece magnífico que distintas expresiones musicales tomen las obras de mi viejo. Hay una banda de Tucumán que hace cumbia y que ahora toca dos temas del Cuchi, y en uno de esos grita “aguante Cuchi Leguizamón”. Si el viejo estuviera vivo y los escucha, los mata (risas). Para mí, está perfecto.

Me parece perfecto que lo hagan, salga como salga. Tuve contacto con el grupo Niebla, por ejemplo, que han hecho varias cosas del Cuchi, me parecieron muy buenas. Si lo que hacen me parece malo, no voy a salir como un buchón a acusarlos. Mi opinión, en última instancia, es la de un músico más, ser el hijo del Cuchi es una casualidad, no me hace tener mejor voz ni más calidad artística. Ser hijo no me da derecho a creerme dueño de la obra de mi viejo.

Artículo publicado en la revista Rock Salta 23, de septiembre de 2017. 

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