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Lo que vendrá

The Otherness acaba de publicar su primer disco de estudio. El cuarteto de Comodoro Rivadavia habla sobre la necesidad de apuntar hacia el futuro, sin caer en el rock como objeto de museo.

Foto gentileza The Otherness

Es la primera semana del año y el calor en Buenos Aires se vuelve insoportable. Por suerte, la cita con The Otherness es al aire libre y a las seis de la tarde, una hora prudente en la que el sol se comporta de manera un poco más amable. Aún mejor se porta Martín Other, guitarrista y uno de los cantantes del grupo, que aparece con cervezas y maní japonés para todos. La nota con esta banda de Comodoro Rivadavia que acaba de publicar su primer disco de estudio se hace al lado del Jardín Botánico, cerca de la locación que los músicos utilizaron para tomar fotos promocionales.

The Otherness se formó en 2010. Desde entonces la banda publicó simples, grabaciones en vivo y tocó mucho en vivo. Realizó tres giras autogestionadas por el Reino Unido, donde gracias a su rock and roll cantado en inglés logró acceder a diferentes circuitos locales y mantuvo contacto con músicos y periodistas de la zona. Hasta sonaron en la BBC.

Pero ahora están acá, en el calor de Buenos Aires. Martín y Gonzalo, el bajista y también cantante, son hermanos. Treintañeros jóvenes que crecieron juntos en la Patagonia dentro de una familia poco adepta al amor por la música. Debieron forjar su camino a los ponchazos, saltando de disco en disco de manera desordenada. Pero así son los caminos de todas las educaciones musicales. No respetan una sola vía. Un disco puede sorprenderte en la casa de un amigo, en la vereda, en la radio o en un bar. Lo importante es lo que hacemos después con ese descubrimiento.

– Martín: Con Gonza hacemos música desde que somos chicos, en Comodoro Rivadavia. Cuando nos mudamos a Buenos Aires empezamos a tocar hasta que la banda se conformó con el ingreso de Pablo en 2010 (el baterista. El grupo se completa con Agustín en guitarra. Todos adoptaron el Other a sus nombres). Ahí fuimos primero a tocar a Paraguay, que fue nuestra primera gira. Empezamos a tocar en vivo con un poco más de regularidad, cambiamos el formato, nos convertimos en un cuarteto de guitarras. Gonza y yo siempre compusimos las canciones y cantamos e hicimos la primera gira al extranjero. Tocamos en Torino y en Londres. Fueron tres meses, de 2010 al 2011. En base a esa experiencia pudimos armar las otras giras. Ahí conocimos a John Robb, que es un periodista reconocido en Manchester, que descubrió a Nirvana y a Oasis, por ejemplo. A él le gustó nuestra historia, porque nosotros caminábamos muchas cuadras en invierno para conseguir recitales, porque habíamos ido con pocos contactos. Eso se ve que le gustó mucho y nos permitió contactarnos con gente para después volver a ir. Ya hicimos tres giras y ahora estamos viendo cómo hacer la cuarta para junio de este año. Después estuvimos siempre acá, en la escena underground de Buenos Aires. Tocamos siempre, hemos hecho giras por Patagonia, hemos ido a tocar a Rosario.
– Gonzalo: Nosotros hoy no tenemos un lugar en la escena emergente de la música indie de Buenos Aires porque musicalmente nuestra propuesta es diferente. Y eso está más allá del idioma. Así cantáramos en español, musicalmente lo que nosotros hacemos con el grupo no tiene mucha relación con el circuito indie como forma musical. Lo que siento es como que nosotros queremos formar parte de lo que viene, después de lo que fue en los últimos quince años, que fue básicamente un movimiento indie underground que viene de los 90.
– M: Claro, como forma musical, nosotros notamos que el movimiento indie acá, la música, es algo que ya sucedió. Influencias de Pavement y todas bandas de finales de los 80 y principios de los 90. Sólo cambió el lenguaje hablado. Y es música que no tiene swing para nosotros. Entonces, desde lo musical, la propuesta es diferente, pero no es que uno es negacionista o destructor de escenas (risas). Está todo bien, es música nomás.
– G: Sino que es sólo que uno quiere dar un paso adelante respecto a lo que se viene haciendo.
– M: Vemos que es muy repetitivo el formato. Y ya se extinguió a mediados de los 90 como para seguir insistiendo con eso.

El disco The Otherness fue grabado en Buenos Aires en tres jornadas durante el mes de diciembre de 2017. Tiene catorce canciones. Algunas ya habían aparecido en simples online.

– G: Una (jornada) fue básicamente de armado y dos de grabación. Fue intenso, porque siempre en el estudio estás un poquito a contrarreloj, entonces es una presión que te motiva para ajustar la performance, pero también te hace sentir que tenés que estar ajustado porque sabés que lo que hagas ahí va a ser lo que va a quedar. No podés volver atrás y tocar o cantar de nuevo.
– M: Fueron catorce canciones y las grabamos tocando todos al mismo tiempo, por lo que el que se equivocaba tenía el peso del ojo del compañero.
– G: Pensá que es la primera vez que grabamos un álbum. Y arrancamos en 2010. Entonces fue un proceso de siete años puliendo la música hasta sentir que estábamos preparados. Es muy gracioso porque ahora ya no veo la hora de grabar de nuevo. Pero estamos disfrutando mucho de las canciones. No es que decimos OK, queremos hacer otra cosa. Es gratificante saber que escuchamos el álbum hoy y nos gusta.
– M: De las catorce canciones del álbum podemos decir que la mitad las veníamos tocando en las giras pero también hay cosas nuevas. Habíamos sacado singles pero les cambiamos el arreglo. Gonza hizo un laburo muy bueno en los arreglos. Y después hay cinco o seis canciones, más o menos, que pertenecen a un período de composición bastante reciente. Entonces es como que el álbum refleja bastante bien la identidad musical de la banda porque condensa lo que arrastramos en nuestra experiencia de las giras y todo eso y también nuestras nuevas inquietudes artísticas. Las cinco primeras canciones del disco son casi todas nuevas.
– G: Creo que hay seis o siete canciones que las empezamos a ensayar para el álbum. Y hubo canciones que grabamos sin haber tocado en vivo antes de grabarlas.
– ¿No es curioso que hayan ensayado tanto para grabar un disco que intenta reflejar una música que es ideal para tocar en vivo y que implica cierta sangre y sudor en la interpretación?
– G: Es un formato básico. Son canciones cortas y que parecen simples. Vos las escribís, después las arreglás y las vas a ensayar y cuando las estás ensayando te das cuenta de que no son tan simples (risas). Las querés hacer bien. Y si bien son canciones que rondan los dos minutos, dos minutos y medio, tratamos de desarrollar la mayor cantidad de elementos musicales posibles dentro de la estructura básica de una canción pop. Y eso querés que se note en el vivo, porque es lo que hace que la audiencia, sepa de música o no, pueda ver algo que le genere cierto interés porque siempre te dispara algo atractivo.
– M: Y aparte, si escuchás el disco, los únicos overdubs que hay son palmas o alguna percusión, que a veces es natural en el público aplaudir alguna sección cuando queda la batería, como en “She feels the soul”, por ejemplo. Entonces, nuestro disco está hecho para ser tocado en vivo prácticamente idéntico a como lo grabamos. Y eso me parece importante en la relación artista público, porque es feo cuando las bandas no suenan ni de cerca a lo que suenan en el disco. Es un bajón.
– G: También es una cuestión de recursos. Nosotros somos un grupo independiente, giramos y no podemos darnos el lujo de decir “en esta parte metemos un cuarteto de cuerdas”. Creo que en ese sentido el álbum es bien representativo del presente del grupo. De hecho, el sonido no está muy retocado. Sí, obviamente, hay trabajo de estudio para mejorar la calidad, pero nada que exceda a la interpretación del momento.

“Para mí el músico hoy tiene que adaptarse a las reglas que hay o proponer nuevas. Quedarse en la queja pensando en cómo era antes es irse a la B”.

Estos dos hermanos que hoy manejan un lenguaje musical y la información suficiente como para sentarse a discutir del asunto durante horas partieron desde la alejada Comodoro Rivadavia. No hace falta explicar lo que significaba vivir en una localidad pequeña y querer conseguir música antes de los 2000.

– M: Nuestro abuelo materno escuchaba Carlos Gardel y era la única referencia musical que teníamos. Pero nuestros padres no escuchan música ni hay ejecutantes de instrumentos en la familia. Empezó primero Gonza tocando guitarra y batería de chiquito. Después empezamos a estudiar guitarra con Alberto Iribarne, antes de la adolescencia. Con diez, doce años. Y después empezamos a componer y a escuchar mucha música. En Comodoro era difícil conseguir discos.
– G: En el 99 escuchábamos mucho a Lou Reed. Y conseguir los álbumes era ‘¡Uhhh!’. Hasta hoy es raro (risas).
– M: Encuentro dos momentos: uno era que cuando él y yo éramos adolescentes y por ahí veíamos alguna entrevista a Cobain o a Luca Prodan, que eran los que más escuchábamos en esa época de chicos, y te daban referencias. Jim Morrison, por ejemplo. Luca decía Jim Morrison, Lou Reed, Bob Marley, The Clash. Cobain decía “The Beatles escribieron las canciones más hermosas que alguna vez escuché”. Eso ya nos abrió un panorama como para ver qué escuchar. Y después, algo accidental, pero yo lo considero otro momento: recién empezaba nuestra banda y un día Gonza estaba cantando una canción de Eddie Cochran en una radio ahí en el sur, en Rada Tilly, y conocimos a un pibe que se llama Juan Calo. Él venía de una familia muy humilde y se movía un montón para conseguir CD grabados. Se los copiaba.
– G: Una casa chiquita, una habitación y media, las paredes explotadas de álbumes. Lo que se te ocurra.
– M: Nos introdujo a Sam Cooke, Johnny Cash, Ray Charles.
– G: Discos de Lead Belly. Una excelente colección.
– M: Motown.
– G: De hecho ha venido a Buenos Aires. Le pegó un paseo al viejo de (la famosa disquería) Abraxas (risas).
– ¿Y dónde conseguía los discos?
– G: Viajaba.
– M: Se movía un montón. Hacía seis kilómetros para copiarse un CD.
– Antes leíamos más sobre una banda que lo que la escuchábamos. Porque no llegaban los discos.
– G: Y es rarísimo pensar que uno fue contemporáneo a esa época de falta de acceso.
– M: Sí, pero a mí también me gusta pertenecer a la generación en la que estuvimos entre descubrirlo por tu cuenta y tenerlo servido. Porque ahora sí, a mí me encanta, entro a Spotify, Leonard Cohen, toda la discografía. Pero una vuelta estábamos en Londres con un periodista que se llama John Doran, de The Quietus, y él nos decía que para él hoy las bandas son menos originales. Decía que los Joy Division eran fans de The Doors pero no se conseguían tantos discos de The Doors entonces se tenían que imaginar el sonido. Y después fueron a un show de Sex Pistols y hacían algo sin tener la referencia que nosotros tenemos ahora.
– G: Pero sabés que también al momento de escuchar música siempre es importante poder trazar una línea, que es la que la relaciona a los artistas entre sí. Hoy, cuando vas a un lugar, vas a un lugar donde suena blues y va a sonar todo el tiempo blues. Vas a un lugar donde suena funk y te suena todo súper funk. Y eso hace que los estilos musicales estén todos separados en pequeños cajoncitos, cuando no es así. Escuchar música verdaderamente te permite poder trazar líneas entre la diversidad de estilos musicales dentro del rock and roll, que ahí creo que es donde está la verdadera riqueza de la variedad en el sonido, cuando vos podés entender qué relación existe entre un artista y el otro dentro de lo musical. Nosotros tratamos de lograr eso con nuestra música. Creemos que la variedad es fundamental al momento de crear música porque es lo que te permite romper los esquemas de cómo se consume la música hoy en día. Rompés con esa idea de encasillar, de ponerle tags a cada sonido. Podés trazar una línea entre una canción y la otra con un concepto un poquito más global.
– M: Por eso también “The Otherness” (“la otredad”). Viste que cuando vos por ahí estás buscando música y te dice: swing, blues, rock, other, que es otra cosa. Entonces The Otherness trasciende el mandato social para nosotros. Cuando pensamos en el nombre de la banda pensamos en la otredad como una forma de libertad desde una perspectiva nueva. Porque al trascender el mandato social uno toma conciencia de que no elegís dónde nacés, no elegís qué idioma hablar, no elegís qué sexo tenés, pero te lo podés inventar para vos mismo. Entonces nosotros a esa libertad la aplicamos a la música porque somos oriundos de la Patagonia y no interpretamos música tehuelche, que por ahí en una línea de tradición sería lo que deberíamos interpretar.
– Pero la línea para ustedes no es la música de la zona sino la casa de Juan.
– G: Tal cual. Nosotros trazamos ese pequeño recorrido musical de acuerdo a nuestra convicción de lo que creemos que es lo correcto al momento de hacer música, que al fin y al cabo es música. No es ingeniería nuclear, que sabés que va a alterar el curso del universo.
– En un punto es imposible decir “yo soy de tal lado, tengo que hacer tal música”.
– G: Imaginate que hoy el acceso es ilimitado. El acceso, aunque no lo quieras, lo tenés igual. Eso es lo más complicado. Si vos tenés un acceso tan grande, y no solamente es el acceso, sino también tenés todos estos algoritmos que te están ofreciendo constantemente material acorde a un supuesto gusto tuyo.
– M: Eso lo decimos en la canción “I bet he knows”.
– G: ¿Cómo podés desarrollar este trazo del que hablábamos antes cuando estás teniendo una invasión de sugerencias que está sesgando tu capacidad de elección? Es un desafío importante para el chico que escucha música hoy en día. Más que nada si tiene intenciones de descubrir un mundo. Porque una cosa es seguir el trend del momento y decir “escucho el single nuevo de Bruno Mars“…
– M (interrumpe): Una cosa es descubrir y otra cosa es descubrir lo que te dicen que tenés que descubrir.
– G (sigue): … que está perfecto, pero otra cosa es una persona que quiere generar un trazo musical más amplio.
En ese caso es preferible seguir la sugerencia de Cobain y no la de Spotify.
– G: Claro. Por ahí las de Spotify están buenísimas. ¿Pero dónde está tu curiosidad al servicio del descubrimiento?

The Otherness Album Cover 3000 3000

– ¿Editaron el disco físico?
– G: No, estuve viendo el tema de la industria del vinilo. Informándome, leyendo, vi que ha crecido mucho la venta, lo cual me parece una ridiculez. Honestamente. Es como un souvenir retro. La púa se gasta, al disco tenés que masterizarlo distinto. Pero lo gracioso es que la gente te dice “vendé vinilos”. Por ahí te lo dice gente que ni siquiera escucha vinilos. No me copa.
– M: Pero lo vamos a hacer.
– G: No sé si lo vamos a hacer. Es una disyuntiva que tenemos. Porque el CD está muertísimo. Ahora, ya cuando ves que la gente está editando en casete… Podés ser indie, todo bien, cultura retro…
– M: Pero tampoco da poner a la música en el lugar de objeto de museo.
– G: No, por eso te digo. Si me preguntás a mí si me gustaría editar en vinilo, te digo no.
– M: Yo te digo por qué si. Me pongo la kipá y te digo que en una gira le sacás guita a los vinilos. Porque los producís por dos euros y los vendés a 18 euros por vinilo. Hacé la cuenta, no es muy complicada.
– G: Pero… ¿quién escucha música en vinilo?
– M: Hay gente, boludo. Quizás no los más pibes.
– G: Pero te digo pibes.
– M: Esa es otra. A nosotros nos gusta dedicar nuestra visión y nuestra música a las generaciones venideras.
– G: A lo que viene.
– Pero el que tiene plata tiene más de treinta años.
– M: Esa es una buena observación.
– G: Ahí tenés. ¿Pero vas a apuntar a eso? ¿Vas a apuntar a la pipa y a la pantufla?
– ¿Y por qué no?
– G: Porque uno piensa en lo que viene.
– M: Para mí sí, para pagar el hostel (risas). Es un objeto de colección, no deja de ser un formato. La música trasciende el formato.
– Igual me sorprende que siendo tan melómanos no quieran tener un vinilo de la banda.
– G: Porque la música está ahí.
– Está bien, pero… está bueno.
– G: Siempre está buenísimo. Tenés el booklet con el back cover. Pero por algo el vinilo nació, creció y se fue a la B. Apareció el casete, creció y se fue a la B. Apareció el CD, creció y se fue a la B. Esta industria está pensada para pagar desarrolladores de software, no para pagarle a músicos. Y el camino para llegar al público y que sea redituable económicamente es muy amplio.
– M: El dinero está en tocar en vivo y en el merchandising.
– G: Pero vender un CD en un show… Nadie lo va a escuchar.
– M: Remeras y vinilos, Gonza. Remeras y vinilos. Uno al lado del otro.
– G: ¿Vos comprás un vinilo por 350 mangos?
– Yo no tengo un peso.
– G: ¿Pero si lo tuvieras, comprás?
– Y si lo tengo capaz que sí. O me compro la remera en el show.
– M: Esa remera sola vale más que dos millones de reproducciones en Spotify de una canción.
– Coincido en que el CD es medio al pedo.
– G: ¿Y por qué vinilo?
– Porque está de moda. Vas a una vidriera y está lleno.
– G: Y están caros.
– Re caros. Y son masterizaciones de CD.
– G: ¿Te das cuenta lo estúpido que es? Es sacarle plata al snob.
– Pero también está el que está un poquito más informado que dice “esta banda hizo un laburo como corresponde, está bueno, y se lo voy a comprar”. Y capaz que vendés cincuenta.
– G: Ponele que salís de gira. Llevás tus instrumentos, no tenés a nadie que te los cargue. Llevás tu equipaje. Tenés que clavar cincuenta vinilos ahí atrás. Son grandulones.
– M: Es cierto que la gente te compra el vinilo, lo escucha una vez y después lo pone en Spotify. Seamos sinceros.
– Pero ya se lo vendiste.
– G: Claro pero la idea no es sacarle una moneda a la gente. Es contribuir a una forma de consumir música para que crezca en favor de la gente que la hace, no de la gente que maneja la plataforma.
– Si vos le das una obra laburada seriamente no le estás quitando la plata.
– G: ¿Pero con Spotify no le estás dando una obra laburada seriamente?
– Sí, pero hay cuestiones paralelas a la música que hacen al disco: la foto, abrir el disco.
– G: ¿Por qué no generar eso desde la plataforma digital?
– En Spotify no se puede.
– M: Por ahora. Yo creo que van a ir abriendo el espectro de contenido.
– G: Para mí el músico hoy tiene que adaptarse a las reglas que hay o proponer nuevas. Quedarse en la queja pensando en cómo era antes es irse a la B. O en nuestro caso, por cómo se nos dieron las cosas, que no fueron ni son fáciles, estamos un poco obligados a ir por lo nuevo. O sea, vinilos (risas).
– M: Con remera. Dos por uno.

Artículo publicado en el número 28 de la revista Rock Salta, de marzo de 2018.

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