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Sinfonías para no adolescentes

La propuesta llevada adelante por Gauchos de Acero y la Orquesta Sinfónica de Salta sirvió para homenajear los cincuenta años de rock argentino y demostrar el enorme talento de la banda salteña. La lista de temas, llena de lugares comunes, los nervios y la obligación superando a las ganas, no dieron un resultado acorde a las expectativas de los más exigentes.

Fotos gentileza de Carolina Vera

El rock y el metal llevan un tire y afloje con el mundo de la música clásica desde siempre. Muchas veces se dieron unos besos y lo celebró todo el mundo, como fue el caso del disco S&M (1999) grabado en vivo por Metallica y la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Como ejemplo nacional, que primero no cayó bien pero que luego el tiempo puso en un lugar elevado, tenemos el de Gustavo Cerati y sus 11 episodios sinfónicos (2001). Sin olvidar todo un género muy rico en historia como el metal sinfónico o el gótico con exponentes gigantescos como Therion, Lacrimosa, Nightwish, entre tantos otros.

El anuncio del recital en conjunto de Gauchos de Acero y la Orquesta Sinfónica de Salta había encendido las ganas de muchos de escuchar algunas de las canciones del trío salteño, la mejor banda de la actualidad en nuestra ciudad. La decepción llegó al conocer que la música de los Gauchos no iba a ser interpretada por la Sinfónica, sino que se trataría de una versión reducida de la lista de temas que la Orquesta ya había tocado en un fallido show en la Plaza 9 de Julio en diciembre de 2014. En esa oportunidad, un combinado de músicos del rock local y la Sinfónica le pusieron el pecho al desastroso sonido al frente de la catedral. A pesar de los varios ensayos, el mega show al aire libre jugó en contra y fue algo que pasó rápidamente al olvido.

En este caso, el recital del pasado 1 de junio sirvió para darle cierre al ciclo Rock and Roll Cultura, desarrollado en el hall y en la sala más grande de la Casa de La Cultura. Con este ciclo la Secretaría de Cultura de la provincia se sacó de taquito lo de homenajear a un género que desde otras partes del estado provincial y la municipalidad sólo se busca destruir con cierres sistemáticos de lugares de expresión, indiferencia para con los artistas en actos importantes e incluso patrullando recitales rockeros como si se tratara de un campo narco.

Las entradas en este primer show fueron gratuitas y se tenían que retirar unos días antes de la boletería de la Casa de la Cultura. En la previa, FM La Plaza transmitió desde el hall, como hizo en las anteriores fechas del ciclo. La entrevista radial a los Gauchos develó lo difícil que estuvieron los ensayos, en especial con la batería de Agustín Jorge.

Aunque “La bifurcada” esté metida a fuego en el imaginario popular, resulta incómodo cantar “feminista perdida”o “sos feminista y yo machista”. No fue muy feliz la elección de esa canción.

Poco después de las nueve de la noche, los músicos de la Sinfónica lucían muy apretados en el escenario de la sala Juan Carlos Dávalos. Arrancaron con una suite instrumental de varias canciones de Charly García. Un certero inicio para entrar en sintonía con las melodías del más grande de todos. Luego, la directora Yeny Delgado le dio la bienvenida a los tres hermanos Jorge, que ocuparon su lugar al centro del escenario. “Mil horas”, de Los Abuelos de la Nada, y “Ella usó mi cabeza como un revolver”, de Soda Stereo, fueron los que arrancaron la unión. La segunda ya contaba con arreglos de cuerdas en la versión original que acá se complejizaron y agrandaron, generando que esa marcha fúnebre hit de mitad de los noventa adquiera otro vuelo.

Con la cantante Estefanía Niewolski de invitada llegó “Spaghetti del rock”. En “La Bestia Pop” la gente atomizó, pero solo un poco, las butacas y acompañó de entrada con las palmas una versión dulce y algo blusera. Uno de los puntos más altos de la noche fue “Una luna de miel en la mano”. La canción de Virus sacó sonrisas y cambió el humor paquete de varios. El poder de la banda de los hermanos Moura sigue rompiendo esquemas.

“Fue una experiencia impresionante y un desafío compartir con todos estos músicos increíbles. Tuvimos que bajar el volumen, subirlo, bajarlo y adaptarnos a esta orquesta maravillosa. Nos bancaron a full y tuvieron una enorme paciencia”, dijo Emilio, guitarrista y vocalista, mientras pedía aplausos para los músicos y anunciaba el único momento donde los Gauchos pudieron ser los Gauchos, que fue cuando hicieron su conocida versión de “Hipercandombe”, de La máquina de hacer pájaros. Esto despertó la ovación de los seguidores del trío, que sintieron que por fin estaban viendo a la banda que se anunciaba en la entrada, esa que tiene un pie en el metal y el otro en el progresivo. Gacela, reconocido cantante local, subió para acompañar la versión de “Ciudad de pobres corazones”. Muy acertado lo del cantante, que aprovechó la bronca de la autobiográfica canción de Fito Páez para gritar “basta” a los femicidos. “Alma de diamante”, del fundamental Luis Alberto Spinetta, sirvió para que los miembros de la Sinfónica que se estaban durmiendo por tocar canciones tan simples le pusieran algo más de ganas. El grueso de la gente no recibió tan bien como aquella vez del 2014 la versión de “Jugo” de los Illya Kuryaki & The Valderramas, que pasó sin pena ni gloria a pesar del agite de algunos ninjas mentales en la sala. Todo lo contrario con “La Bifurcada”, celebrada por muchos. Aunque la canción esté metida a fuego en el imaginario popular, no es un buen momento o por lo menos resulta incómodo cantar “feminista perdida” o “sos feminista y yo machista” en los tiempos que corren. No fue muy feliz la elección de esa canción, que sumó a Leonardo Villada, vocalista de la banda local La Furia como el último cantante invitado de la noche. Los arreglos en su mayoría fueron de Juan “Pollo” Raffo y Guillo Espel.

El cierre llegó con “Manuel Santillán, El León” uno de los grandes clásicos de Los Fabulosos Cadillacs, que activó las palmas instantáneamente. Entre los aplausos del final vino el bis con “Mil horas”, que quedó opacada por lo buenas que estuvieron las anteriores canciones. Tal vez no fue la mejor elección para cerrar. La impresión no fue del todo buena: se sintieron el nerviosismo y las pocas ganas de muchos de la Sinfónica, que en menos de quince minutos de finalizado el show ya se habían retirado de la Casa de la Cultura con instrumentos en mano. No fue general, pero se sintió eso de no estar del todo metidos en lo que estaban tocando.

El pedido de que se repita por parte de Emilio se vio materializado el 27 de junio en una función solidaria organizada por los mismos músicos de la Orquesta. Con entradas a la venta a setenta pesos, todo se preparó para ayudar a Iva Jovanovic, integrante de la Sinfónica que había tenido un accidente y necesitaba el dinero para su tratamiento.

Esta revancha no contó con todos los músicos ni con las visuales de la primera vez, pero en el ambiente se sentía otra cosa. La lista de temas fue la misma, pero todo estuvo mejor, el ánimo era otro. Se sentía que estaban ahí porque querían hacerlo. Por suerte esta función también agotó las entradas y muchos se pudieron dar el gusto de disfrutarlo.

Aunque los más exigentes se quedaron con ganas de escuchar canciones no tan viejitas. Después de todo, si son cincuenta años de rock nacional hay casi veinte que no estuvieron representados. Se apeló solamente a la nostalgia de los ochenta y noventa. Pero sobre todo quedaron las utópicas ganas de escuchar las propias canciones de los Gauchos en formato sinfónico. Tal vez haya que esperar otras cinco décadas para que el Estado salteño decida financiar algo así.

* Cobertura publicada originalmente en el número 22 de la revista Rock Salta (Agosto 2017).

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