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El sonido y la furia

Antes de tocar en Cosquín Rock con Las Pelotas, Germán Daffunchio habla sobre la industria, Luca, su proyecto solista y las canciones que surgen desde el corazón.

Foto gentileza PopArt

Germán Daffunchio está en su casa de Traslasierra, acaba de empezar las vacaciones. Tendrá un mes para descansar del constante girar de Las Pelotas, la exitosa banda que lidera desde hace casi treinta años. El grupo que durante los 90 fue el que cargó con la responsabilidad de la mística post Sumo. El que, decían, conservaba la esencia que mejor representaba al sexteto legendario. Para los músicos, especialmente para Daffunchio y para Alejandro Sokol, esa herencia comenzó siendo una cruz.

“Empezar de nuevo sin él fue un aprendizaje”, dice Daffunchio. Habla de Luca Prodan, que murió hace treinta redondos años y en este momento vuelve, como suele pasar, a ser tapa de revistas y a ser protagonista de artículos que vuelven a relatar la famosa historia del tano con educación británica que mejor pintó la porteñidad urbana de la primavera alfonsinista. Desde hace tres décadas, entonces, los sobrevivientes de Prodan cargan con la herencia de la anécdota, del haber estado ahí, del pedido de revival constante. “Cuando empezamos con Sumo, de alguna manera teníamos muchísima inocencia o mucha idealización de lo que era el mundo del rock, de la batalla épica que uno se enfrenta. Y después de la muerte de Luca, lo que más sabía con respecto a ese mundo era la decepción total y absoluta. De hecho, creo que tardé como más de un año en saber que iba a seguir tocando, porque había sido tanta la decepción del mundo que no tenía muchas ganas de dar batalla, hasta que las tuve”.

Después de la muerte de Luca, Daffunchio necesitó convencerse de que valía la pena regresar. “Con Sumo hicimos nuestra pequeña revolución. El trabajo ya estaba hecho. Uno ya sabía a lo que se iba a enfrentar, a esa cosa que es mágica cuando uno no conoce y va por primera vez. Ya cuando conociste el submundo, las vanidades humanas, la estupidez humana, los egos, los músicos argentinos, etcétera, es un tema decir ‘empiezo de vuelta, sigo para adelante’. Es una remada. Vos pensá que nosotros tuvimos que arrancar con el karma de haber tocado en Sumo. Porque era ‘claro, se separó la banda y éste armó su propia bandita y sí, sí, te creo que tu banda es buena’. Y en nuestro caso peor todavía, porque Divididos salió un año y pico antes que nosotros. Éramos la tercera banda, la segunda salida de una banda a la que se le había muerto nada menos que el cantante. Había que mostrar pergaminos todo el tiempo. Fue una remada realmente intensa”.

Daffunchio volvió a dar un paso más en la batalla y ya lleva, él también, tres décadas más encima. Años en los que conoció el ninguneo de los medios y del público masivo hasta que todo se dio vuelta. Ahora, Las Pelotas es una de las bandas más respetadas y escuchadas por todos. Sin embargo, algunas cosas no cambiaron nunca. “A Sumo lo sigo teniendo en mi corazón con muchísimo orgullo. No reniego para nada de mi pasado. Al contrario, me encanta”.

Los mitos de la histeria argentina

Lo que a Daffunchio nunca le gustó, y es famoso por demostrarlo, es todo lo que Luca provocó después de su muerte, algo que en los aniversarios se incrementa. “Somos amantes de las fechas redondas: los cuarenta, los cincuenta, las bodas de plata, de hojalata. Me parece que la persona que lo conoció a Luca lo sigue teniendo dentro del corazón. Todo lo demás es simbología. Realmente no es de lo que me alimento porque me parece que hace mal tanta simbología, tanto número redondo. Lo cierto es que hace treinta años que se murió y va a estar siempre vivo adentro del corazón de todos, de cada uno de nosotros y a través también de la música o las canciones que dejó. Después, todo lo demás, es cómo llenar: ‘A ver, ¿hoy qué podemos hacer?’, ‘Ah, hoy se cumplen 23 días de…’, ‘Ah, hoy es el octavo mes del embarazo de Marley’. Y qué sé yo, boludo, realmente pienso que no es importante. Te soy honesto. Uno que lo vivió, lo tuvo al lado, escucha cosas que dicen, escucha a amigos hipotéticos que tuvo y es increíble cómo las historias se fueron transformando. Las mentiras van creciendo. Porque en realidad, muy poca gente nos vio. En los 80 había que tener muchos huevos para ir a la noche a escuchar bandas. La situación social era densa, la Policía era muy pesada, extremadamente pesada. Todo era en contra. Por eso te digo que el momento en el que tuve que retomar, sabiendo la dificultad del camino, era una decisión muy compleja. Decir ‘bueno, vale la pena hacerlo’. Al final vale la pena hacerlo pero por una cuestión de terapia de vida, de poder canalizar en lo que escribo o en lo que toco, parte del latir de tu corazón”.

Daffunchio y el resto de Las Pelotas se rigen bajo ese latir. Al menos eso se desprende en los últimos discos que editaron, especialmente desde Despierta (2009), en los que la veta más pop, cancionera sensible del grupo se posicionó por encima de la crudeza que caracterizó al grupo durante la primera mitad de su carrera.

“Lo primero y más importante es que se murió Alejandro. Entonces hay un cambio bastante importante. Por otro lado también es cierto eso que vos decís. Yo siempre dije que era como una trilogía desde Despierta, Cerca de las nubes (2012) y Brindando por nada (2016). Puede ser que hayamos mantenido patrones de calidad sonora, pero también es cierto que los temas no se buscan un estilo que dependa necesariamente del sonido. El estilo de una banda lo da el corazón”, opina.

Nuevos discos, nuevas drogas

“Para nosotros los discos siempre fueron una cuestión terapéutica, de necesidad espiritual también. Y cuando termina el proceso hay siempre un tiempo que te lleva a tener que presentar, armar todas las actuaciones en vivo, pero después ya empieza a picar el bicho de componer. La composición me parece que es muy importante en las bandas para no aburrirse, para que no se transforme en una cosa mecánica y algo tediosa”, dice, antes de remarcar que para Las Pelotas componer es una necesidad ineludible. “Conozco tantas bandas que han tenido la desgracia de hacer un disco bueno y nunca poder salir de ese disco. No está bueno eso. Para un artista está bueno desafiarse todo el tiempo, poder renovar su música. Por sí mismo, no tanto pensando en la gente que escucha. La gente te pide los clásicos de toda la vida. Pero para nosotros es importantísimo poder tocar música nueva”.

Actualmente, Las Pelotas se encuentran en un proceso de composición que todavía no define el próximo paso. Daffunchio dice que es “totalmente imposible” poder describir de qué irán las nuevas canciones. “Nosotros no nos regimos por ningún parámetro de nada. Es aquello que nos sale, lo que va tomando forma, lo que nos gusta, lo que va quedando. Los procesos de composición no son ‘nos juntamos un día y hacemos un disco’, no, no. Nos juntamos diez días y componemos temas, y nos juntamos otros diez días y componemos temas. Y en un momento decimos ‘che, basta de componer y empecemos a elegir, empecemos a pensar seriamente el formato del disco conceptualmente, intelectualmente’”. Agrega que componer es un ejercicio, algo desafiante, y que lo nuevo es incierto (“Para dónde va a ir, no tengo la más mínima idea”). “La fórmula de un músico para mí es componer, tener música, música, música, y de esa selección siempre van quedando las mejores cosas”.

“Siempre me emboló la historia, en la Argentina y en el mundo, la búsqueda de ser únicos. Es medio una farsa porque la moda hoy es esto, pasado es aquello, y las modas pasan. No se trata en la música de decir ah, no, porque yo inventé este sonido, o yo… Me parece que no es lo importante. Lo más importante es la música que tenés para dar, mas que seguir patrones de moda. En la década del 80 apareció todo lo que era el sampler, el MIDI, las baterías electrónicas, y vos escuchás los temas y tienen un sonido que era una moda. Parecía súper vanguardia y es moda. Cuando escuchás esos tambores de los ochenta te morís de risa”, dice, y recuerda un poco (otra vez el revival) a Luca, cuando decía “te doy una guitarra y haceme latir acá”, en el pecho. Es que las canciones buenas lo son hasta con el peor maquillaje de la época. “De eso no hay ninguna duda. Por eso te digo: no depende del aparato, es la música que salga, la vida del tema que vos saques me parece que es lo importante”.

Cosquín Rock, México y después

El 2017 fue un gran año para Las Pelotas. Una continuidad del éxito masivo que comenzó en 2003 con Esperando el milagro y que luego se convirtió en estabilidad. De enero hasta hoy, la banda estuvo dos veces en México. “No es poco la ida a México, porque nosotros toda la vida fuimos un grupo que no tuvimos una compañía multinacional que nos apoyara para poder ir a otros países. Fuimos a España, pero nunca fue nuestra finalidad tocar en otros países, no era nuestra premisa. Y lo hemos hecho ahora y la verdad que el feeling con el pueblo mexicano fue total. Es alucinante estar en otro lugar, que conozcan tus temas”, dice Germán, que reconoce que la impresión del público mexicano no siempre fue la misma. “Lo dije en algún momento: una de las cosas que me pasaba con México era que pensaba que éramos dos realidades distintas. Que es cierto, las problemáticas de los países son completamente distintas. Pero la música une, hay un canal que es la desigualdad social, la miseria, la injusticia. Es igual en toda Latinoamérica. Entonces ahí hubo un nexo alucinante con la gente”.

La primera vez que la banda aterrizó en México fue en el contexto del Cosquín Rock, en Guadalajara. “Fue alucinante. De ahí fuimos a tocar al DF. Nos fue muy bien y fue tanto así que al poco tiempo ya sabíamos que volvíamos porque nos habían invitado a tocar en un festival también en Guadalajara y en Monterrey, que es tremendo. Queremos volver el año que viene”.

La mención a Cosquín Rock no es gratuita. Las Pelotas tienen una historia larga con el festival Participaron de todas las ediciones argentinas. Para Daffunchio, la empatía con el evento trasciende la clásica relación entre músico, productor, público y recinto. “Nosotros somos una banda que toda nuestra vida hemos tocado siempre. Somos una banda cuyos integrantes viven en una parte de la Argentina que se llama El Interior y yo siempre apoyé a muerte al Cosquín por la certeza que tenía de estar entre la gente. Durante muchos años me gustaba meterme entre la gente para ver quiénes eran, quiénes estaban. Y ahí adquirí la certeza que la mayoría de la gente que va al Cosquín está ahorrando la guita todo el año. Que son de pueblitos a los que nunca va ninguna banda a tocar porque son demasiado pequeños y en Cosquín tienen la posibilidad de ver a un montón de bandas con un solo ticket o sacando un abono. Están todo el año juntando la guita y eso me creó todavía más responsabilidad o más pasión por ese festival porque realmente es un festival muy federal y está lleno de gente que va de todas las provincias, y eso, para mí tiene un condimento extra. ¿Qué quiere decir esto? Que nunca pusimos trabas para tocar en Cosquín. Ha habido bandas que te piden, no sé, te piden su lista de pelotudeces, exigencias. Para mí lo más importante es poder tocar para la gente de nuestro país que está por todos lados”.

Cuando a Germán se le terminen las vacaciones le espera un año cargado con giras por (otra vez) México, (otra vez) Cosquín Rock, el Lollapalooza y más. La agenda apretada no permite demasiado tiempo libre para concretar otras ideas, como el proyecto solista que Daffunchio tiene hace años en mente y todavía no pudo desarrollar. “No me alcanza el tiempo. La vida, a medida que va pasando, cada vez necesitás más tiempo”, dice, y aclara que las composiciones por fuera de Las Pelotas “son terapias, desafíos, no estoy pensando en competir con Fito Páez (risas)”. “Hay dos de mis hijos que son músicos y tengo muchas ganas de desarrollar un proyecto con ellos. Pero todo lleva su tiempo. Los tiempos que quedan son muy pocos. Y en esos pocos tiempos tenés que tratar de desconectarte”.

La rueda que mueve al mundo

“Necesitábamos descansar porque fue un año muy intenso. Una cosa que por ahí la gente no sabe y que es una constante en la vida de un músico son los miles de kilómetros que tenés que hacer. La semana pasada tocamos en Mendoza y de ahí nos fuimos a Neuquén, a Río Negro, miles de kilómetros, cientos de horas. Pero es la pasión lo que te mueve a hacer todo eso. También tocamos en Colonia Catriel, nunca habíamos tocado ahí. Y esta cosa que te decía de Cosquín y las bandas que nunca van a los pueblos, hay tanto pueblo perdido en una Argentina inmensa, que llegar por primera vez a un lugar, que la gente conozca tus temas y tocar para esa gente que va es alucinante. Te sentís bien, porque también es argentino. Para mí el éxito de un artista no es solamente cuántos Luna Park hiciste. Ese es el que hizo el negocio más grande. Pero a nosotros siempre nos gustó tocar por todo el país”, dice.

El submundo del rock que Daffunchio conoció en los 80, cuando tenía veintipocos, probablemente ayudó a que su personalidad se cerrara aún más ante lo que le genera desconfianza. Su fama de recio esconde al tipo sensible que se refugia en las sierras como hace décadas (más de tres) se refugiaba en barcos mientras trabajaba de marinero. También, probablemente, ayudó a que se decida a huir de Buenos Aires. Probablemente no: “Seguro, por supuesto”. “La ciudad de Buenos Aires realmente no ayuda en nada. Me parece que una de las cosas que enfermó al arte es toda esta moda gigante de la estética, el chisme, el se cogió a este, se cogió a la otra, estar acá, estar ahí, porque si estás pertenecés y si pertenecés sos importante. Me parece que lo nuestro es por otro lado, es la música que hacés y si te gusta y te pega estamos de acuerdo. A mí me da un poco de frustración ver pibes con tanto talento enroscados en pelotudeces que no van al fondo de la historia, siguiendo patrones que parecen dictados por una máquina. Hablo de la estética de una banda, de la música”.

Por eso, Daffunchio se refugia en lo que necesita. “Cuando estoy acá estoy tratando de descansar, eso siempre ayuda a la composición, a la creación. Me gusta plantar árboles, por ejemplo, me gusta mucho la naturaleza. Es muy importante en mi vida. Ver los amaneceres o las noches estrelladas. El perfume de los árboles en primavera. Hay muchas cosas”.

Solito vas

Lo que nunca cambió en Las Pelotas es la mirada de las cosas. La postura que la banda siempre mantuvo frente a la Argentina, que parece que es la misma, aunque pase el tiempo. “Creo que en este país, lamentablemente, estamos viviendo ciclos que los he visto toda mi vida. Algo mal se tuvo que haber hecho siempre para que estemos como estamos. Pero siempre, no ahora. Siempre. Yo no soy macrista, los odio a todos. Me parece que el político actual, creado por las grandes corporaciones, es una raza absolutamente despreciable”, dice, y ya no se sabe si el Daffunchio que habla es el de los 80, los 90 o los 2000, porque es el mismo de siempre. “En la Argentina habría que leer historia. ¿Cómo podés explicarte vos que un tipo como Menem ganó dos veces en un país? Es todo una gran farsa. No tengo ganas de hablar de política porque me da asco, me embola”, dice. Sin embargo, se apasiona y sigue: “Me parece que hacer una lectura sobre este país solamente pensando en si sos macrista o antimacrista es una pelotudez. El problema es mucho más profundo. Lamentablemente vivimos en un mundo donde la desinformación es total. Antes estaba oculta”.

Y entonces es cuando el ciclo se cierra. Cuando es mucho más que una trilogía de discos regidos por un sonido particular. Es, en definitiva, la esencia que pertenece a esta banda, que canalizó angustias y dolores a través de canciones y discos que marcaron épocas y que hoy continúan buscando nuevos rumbos. “Esa es la parte de la que te hablaba de la terapia humana. Si vos te regís por el parámetro comercial, cantar esas cosas es lo peor que podés hacer, porque la mayoría de la gente no quiere escuchar. Quiere escuchar ‘Felices los cuatro’ o toda esta grasada de la bachata, que, está bien, está buenísima para bailar ebrios, suponete. Está bárbaro, pero eso te muestra cómo está el mundo. Cuando lo único que hablan es de cómo te la pondrían o las ganas que tienen de garchar y nada más, cuando escribas una canción social te vas a sentir bien de cantarla porque no te vas a sentir cómplice. Pero seguro no va a ser un éxito comercial”.

Artículo publicado en el número 26 de la revista Rock Salta, de diciembre de 2017.

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