The Cult en Córdoba: No importa nada más que el rock and roll

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Crónica del preciso show que The Cult brindó en Córdoba. Quince canciones que todos habían ido a escuchar.

Por Alejandro Wierna
Fotos de Tridente / Krakovia

La excusa ideal de la gira fue la presentación de Hidden City, disco que lanzaron el año pasado y estuvo a la altura de la demanda (¿acaso existe alguna?), con un paso más allá: un Ian Astbury bien parado, transitando algunas baladas con un halo bowieneano.

La previa del show en Krakovia estuvo armoniosamente musicalizada con The Doors, una decisión acertada para administrar todo el poder simbólico ya desde el comienzo.

Todo fue puntual y preciso. Con un set corto y contundente, el dúo local Lautremont se permitió proyectar su sonido industrial contrarreloj. Siete cuerdas en guitarra, un manojo interesante de pedales, y una batería transparente alcanzaron para convencer al público en su totalidad y evitar que se propague la ansiedad de la espera.

A las 22, tal como estaba anunciado, subió The Cult e irrumpieron directamente con “Wild Flower” y “Rain”, uno de Electric, uno de Love. Ya se veía venir por dónde iría la cosa. Del disco pretexto del show sólo sonaron “Dark Energy”, “Birds of Paradise” y “Deeply Ordered Chaos”. La lista era corta, casi no había speech ensayado y todos sabíamos muy bien qué íbamos a buscar.

El público estuvo bastante repartido entre veteranos melancólicos y jóvenes poseedores de una nostalgia prestada, la celebración real era por discos que están transitando las tres décadas. Así lo entendió la banda y no hubo ni alusión a lo producido durante ese revival que tuvieron empezado el nuevo milenio.

“Phoenix”, “Nirvana” y “Fire Woman” fueron parte de esa seguidilla de canciones coreadas que agilizaron la noche. El sonido fuerte y tajante domó la estructura rectangular del lugar, y todo sonó como tenía que sonar. El papel de Damon Fox es fundamental, repartiéndose entre una segunda guitarra y los teclados, es un arreglador fiable para que Ian y Billy Duffy se puedan llevar todos los laureles.

Sabido es que el hard rock es el género que peor envejece, aparentemente eso de rendirle culto a los agudos inalcanzables y al cuerpo juvenil no fue una decisión acertada en vistas a mantenerse en el tiempo. Pero The Cult está bastante completo, siempre tuvieron ese plus en el sonido que les permitía no poder ser encasillados como tal. Apoyados en riffs sanguinarios, el peso de la noche no cae en completa responsabilidad de la voz de Astbury.

Un show aparte es la guitarra de Duffy, quien pasa de su completa y resonante Gretsch Falcon blanca, a la tajante Les Paul negra. Para el final de la noche, en “King Contrary Man” y “Love Removal Machine” el machaque fue tan fuerte que aprovecharon para retirarse saludando sin tocar “Revolution”.

El trabajo estaba hecho, quince canciones al hilo, en un show matinée fuerte, y un palito a Guns N’Roses y a Aerosmith por su gira de estadios (“no nos importa una mierda más que el rock and roll”) fueron suficiente para retirarse con la gloria.

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