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20 Años de Siempre Libre en Cba

Turf celebró en la ciudad mediterranea. Efervescencia intacta para Levinton y los suyos.

Texto: Alejandro Wierna
Fotos: Canu Tanto / Turf FB

A 20 años de la salida de Siempre Libre, la banda visitó Casa Cabylon para ofrecer el show celebratorio que da sentido a la gira aniversario que encararon por algunas ciudades del país.

En formación original (más Diego Chamorro en percusión y Sole Guerrero -artista local- en algunos coros) y un presente súper sólido y maduro, este 2019 les está permitiendo cosechar el fruto de su historia y reinventarse tras los años de parate y extrañas bifurcaciones por la escena nacional (Sponsors, Poncho, Ríspico).

Con los fantasmas atenuados y aferrados a la tecnología transitan las 13 canciones de aquella época con mucha altura y dignidad. El formato elegido para el show mantiene el orden de edición de las mismas en el álbum, y tras él dan rienda a un segundo show continuado con una avalancha de hits que pareciera no terminar más.

El protagonismo escénico de un Levinton que construyó su propia voz exprimiendo astutamente a Jagger y anticipándose a un Doherty desbordado, pero con el comodín popular del estribillo explosivo para uso inmediato, es algo implacable. Se respalda con soltura en la química que tiene con Leandro Lopatín y no le cuesta absolutamente nada ganarse a todo el público del lugar. Incluso saldrá a por ellos desplazándose sobre la barra/pasarela lateral.

Con un trineo permanente de pájaros acompañando desde la previa y entre temas (una suerte de movimiento orquestal) trajeron a la vida aquella tapa selvática que ilustraba el disco, aunque a media máquina si se compara con aquel show que dieron en Niceto donde hicieron físico el fuselaje.

“Me hace sentir”, “Esa luz” (en su versión original contaba con nada menos que Charly García) y “Piolines” fueron algunos de los más aclamados de este primer tramo de la noche. Muchos de los presentes no tienen edad para haber disfrutados en tiempo real las mismas.

Para la segunda parte del show el fondo del escenario dejó relucir un interesante juego de luces que partía del logo de la banda, y el ritmo se aceleró de manera tal que pareciera llevar a los presentes a un boliche interminable que arrancó en The Hacienda para terminar en Mar del Plata.

Guitarras multifacéticas, programaciones modernas, bajos brits y un despliegue en percusiones muestran que están bien ajustados para el cambio brusco de ritmos, y hasta se permiten jugar con una acústica en mano sobre algunas líneas de canciones de Rodrigo (con gracia para no levantar suspicacias de demagogia sino más bien terminar de bajar algunas defensas), la salida de eso fue a knockear con “Magia Blanca” y “Pasos al costado”. Show de papelitos flotantes y una vibración en el cuerpo que tardará en bajar.

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