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Hasta que el cuerpo aguante

Eruca Sativa giró por Tucumán, Jujuy y Salta. Justo antes de llenar el Luna Park, el trío cordobés se presentó en teatros, pubs y reductos rockeros de nuestra región. La inagotable necesidad de tocar donde sea, pero no como sea.  

Tarde de viernes en San Miguel de Tucumán. Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera llegan al Robert Nesta, el reducto que es la envidia de cualquier productor de Salta o Jujuy. El escenario grande y cómodo, los camarines decentes, la capacidad para 400 personas y la barra lo convierten en uno de los mejores lugares para recitales de rock de la región.

Saludan con muy buena onda a todos los presentes, entre los que hay algunos periodistas, ganadores de meet & greet y allegados a los dueños del local. El staff de Eruca es muy acotado en esta gira. Los que secundan y asisten al trío son un sonidista, un stage y un tour manager. Ellos se visten de lo que hace falta y demuestran que cuando hay compromiso y ganas no necesariamente hace falta tener un séquito de treinta personas para que las cosas se hagan bien. La prueba de sonido se retrasa y la banda recibe a los medios tucumanos, graban unas entrevistas para la TV, saludan a algunos fans y se acomodan en camarines. El show arrancará a la medianoche y se esperan entre 300 y 400 personas.

En la prueba de sonido, Gabriel destroza la batería mientras Lula tararea en camarines. El trío hace una prueba corta y al palo. Afuera, muchos se agrupan intentando escuchar algo y esperando que abran las puertas.

En medio de la prueba, Lula interactúa con la gente por redes sociales. Video en vivo, saludos y una pequeña muestra musical como para que los fans que no están en Tucumán se sientan cerca.

En esta noche fresca y agradable, la banda soporte es Burro de Arranque, que tiene un estilo bien renguero. Voces podridas, guitarras, una armónica y volumen al palo. Eruca se queda conversando con ellos después de la prueba. Se muestran muy cercanos, con buena onda genuina, no forzada.

 

– Son una banda que viaja mucho, tocan muy seguido en las provincias. ¿Les gusta mucho la vida en gira?

– Brenda: Sí, mucho.

– Lula: De hecho, sólo nos faltarían Chaco y Catamarca. En esta gira Barro y Fauna íbamos a hacer Catamarca pero no se pudo cerrar la fecha.

– ¿Les cambia en algo que les falten tan pocas provincias? ¿Significa algo “completar el mapa”? ¿Giran por necesidad de difusión o por gusto?

– B: Realmente nos gusta. Hay muchas bandas a las que no les gusta girar, a nosotros nos gusta mucho. Nos gusta ir a lugares nuevos, tratar de llegar a la mayor variedad de lugares. Es verdad, algunos podrán elegir hacer un show cada tanto en las ciudades más grandes, pero a nosotros nos gusta ir a donde se pueda. Hace poco estuvimos en Allen, un pueblo muy chico en Rio Negro. Es lindo ver cómo la gente se pone re contenta. Te dicen “gracias por venir, nunca viene nadie”, es muy linda esa sensación. Cuando se puede, porque hay muchos lugares es complicado llegar logísticamente.

– Gabriel: Lo que pasa es que nos preocupa que la gente la pase bien. Que escuchen y vean bien, hay lugares que es un poco más difícil.

– Se nota que cuidan mucho el sonido. No al extremo de exigir pavadas pero sí que haya una buena técnica.

– L: Si. De hecho, en Catamarca no se dio el show, no cerramos la producción, porque había muchos temas con la seguridad. Aunque parezca una frase hecha, no estaban dadas las condiciones, pero de verdad. Hicimos todo lo posible, nos apretamos lo más que pudimos pero no podíamos ser descuidados con la seguridad, que la gente no esté segura, que no haya habilitaciones y esas cosas. Nunca lo hicimos ni lo vamos a hacer.

Cuando empieza la música en vivo, ya hay 150 personas. La lista de Eruca incluye 23 temas. La banda repasa todo el nuevo disco, Barro y Fauna, más clásicos como “Para que sigamos siendo”, “El genio de la nada”, “Amor ausente” y “Magoo”. Es un show en el que queda claro que no hay nada librado al azar. Más allá de las condiciones del lugar, el sonido o las luces. El grupo sabe bien lo que tiene que hacer. Tras una hora y media, el público queda súper conforme.

Finalizada la presentación, la banda se funde con el público. Se sacan fotos, firman autógrafos y charlan con la gente que hace mucho los quiere tener cerca. Son las dos de la mañana y hay que descansar. En pocas horas queda el tramo más largo de la gira: unir San Miguel de Tucumán con San Salvador de Jujuy.

– Presentaron Barro y Fauna en Córdoba, vienen girando mucho y culminan en el Luna Park.

– L: Lo interesante era poder llevar el disco nosotros a las provincias, invitando a que vayan al Luna. Es una forma distinta de llegar a la gente. Muchos son muy agradecidos de que vayamos a sus ciudades y luego de ver el show en su lugar quieren viajar al Luna, lo cual para nosotros es muy lindo porque van a ver dos shows muy distintos. Además, el disco cautiva mucho en vivo, gusta mucho. Eso hace que la gente se anime a viajar, que quiera ir al Luna Park. En Puerto Madryn, por ejemplo, nos pasó que había unos chicos que no estaban decididos pero vieron el show y dijeron “listo, vamos”. Después nos mandaron una foto que habían comprado la entrada.

– Y además es llegar distinto. El primer Luna fue luego del parate por maternidad y no venían tocando, fue como un regreso ahí.

– G: Claro, no sólo por el disco sino por el ritmo de tocar. La otra vez hacía siete meses que no tocábamos y justo se nos ocurrió tocar en el lugar más grande que habíamos hecho hasta ese momento. Hay algo que hicimos con este disco que nunca lo habíamos hecho antes: el disco salió mucho antes que empezáramos a tocarlo. Siempre era como que hacíamos la presentación del disco con el disco.

– L: Sorprendíamos a la gente en la presentación. Escuchaban los temas por primera vez en vivo en el orden que estaban en el disco.

– G: Y estaba buenísimo, era un show con sorpresas. Pero a la vez uno también extraña la reacción ante eso. Cuando son temas que hace tanto le venís poniendo tanto huevo, que te encanta cómo quedaron en el disco, y llegas al lugar y la gente está ahí, a la expectativa. Disfrutándolo pero masticándolo a la vez.

 

Jujuy recibe a Eruca con una tarde soleada y la marcha de Ni Una Menos en la puerta del hotel. Es la primera visita que hace el grupo a la provincia. Después del check in, la banda no duda en sumarse a la manifestación.

Zeppelin Bar es más chico y rústico que el Robert Nesta pero es el lugar ideal para este debut. Es Jujuy auténtico. La banda prueba sonido en un local apagado que se enciende con los primeros acordes de la guitarra de Lula. Todavía no hay fans ni periodistas. Hoy no habrá banda soporte. Se espera que asistan 200 personas, nada mal para una primera visita.

– Respecto a la producción de Barro y Fauna, ¿sienten que es lo mejor que han hecho? ¿Fue una evolución este disco?

– L: Es difícil evaluarlo de esa forma. En realidad responden a distintas etapas. En esta etapa queríamos probar algo así, irnos a grabar a otro país, sentir esa experiencia de qué pasaba, cómo nos pegaba.

– ¿Y cómo les pegó?

– L: Zarpado, fue tremendo. Una experiencia súper linda. La vivimos muy juntos. Viajamos con nuestros hijos, Brenda con su marido, yo viajé con mi mamá porque mi marido estaba con mucho trabajo. Los maridos músicos a veces no nos pueden acompañar (risas).

– B: Es complicado

– L: Pero fue re lindo porque convivimos mucho.

– ¿Lo tenían listo al disco o le dieron la última vuelta de rosca allá?

– B: Terminamos algunas cositas allá.

– L: Estuvo bueno por eso, hacía muchos meses que no estábamos juntos tanta cantidad de horas, en realidad como un año y pico. Habíamos tenido los bebés y los ensayos eran muy breves, de a puchitos, onda de cortar tres horitas acá o allá. Y de repente ir al estudio y estar ocho o diez horas encerrados trabajando fue súper lindo.

– ¿Llevó mucho tiempo de preproducción el disco? ¿Desde cuando lo venían craneando?

– G: Los primeros demos son de cuando estábamos mezclando Huellas Digitales, que aportó mucho al concepto y al sonido de este disco. Y la experiencia de ser madres calculo que habrá aportado a lo compositivo.

– L: Si, a nosotros nos cambió. Era una mirada que nosotros ya traíamos de la banda y fue como mostrarla un poco más. Siempre creímos mucho en las canciones, que no siempre hacía falta la distorsión, el riff o el power para mostrar lo que teníamos. Capaz que con Huellas Digitales nos animamos a dar ese paso, que quede plasmado en un disco, que la gente lo escuche. Y a nosotros nos marcó una bisagra en la carrera en el sentido de que después de ese disco quedaban todas las puertas abiertas. Después de Huellas… podría haber venido cualquier tipo de disco, nos dejaba esa posibilidad. Ya hicimos tres discos de power trío, luego vino Huellas… que es un disco mucho más “raro” o más rebuscado en la instrumentación. Y después quedaba todo abierto.

– A nivel artístico, ¡que importante tener esa libertad! Siempre la tenés, pero…

– L: Si, la tenés y un poco no la tenés, porque uno está un poco atado. A veces decís “¿por qué me pongo en este lugar que no me corresponde? Yo quiero hacer música”. Con Huellas… rompimos eso, le dimos las alas a Eruca para que pueda revolotear y seguir adelante sin un límite.

– También fue la primera vez que trabajaban con un productor.

– G: Si, fue muy buena la experiencia. Y tuvo mucho que ver quién era (Adrian Sosa, de Bajofondo), porque no sé si hubiese sido lo mismo con otro. Habíamos probado un par de veces con otras personas, en otros momentos, pero no era lo mismo. La prueba fue con “Nada salvaje”, que lo hicimos en Romaphonic. Se lo mandamos a Adrián y él empezó a aportar desde su lugar. Ahí dijimos que estaría bueno pensar en un disco con él y la experiencia estuvo muy buena.

– ¿Grabaron pensando en defender los temas en vivo de la misma forma que están en el disco? ¿Buscan una uniformidad de sonido entre el disco y el vivo?

– B: Hay un poco y un poco. No es que nos vamos a atar a no hacer un tema por esa razón. Si de repente sale una canción que no podemos tocarla en vivo, la vamos a grabar igual. No nos pasó todavía, pero si pasa quedará sólo en el disco, aunque sí lo tenemos en cuenta. Todo lo que podamos resolver nosotros, mejor. Pero hacemos lo que le quede mejor a la canción. “Abrepuertas”, por ejemplo, empieza con un loop de la guitarra que no lo toca nadie y en el vivo está grabado. ¡Y no importa! No buscamos ocultar eso. Es algo que está en el disco y lo disparamos en vivo para que suene como en el disco. Lo importante es que suene bien.

– G: Y no limitarse. Son como dos artes, dos trabajos distintos, grabar discos y hacer shows en vivo. Cuando uno graba discos no puede haber nada que te limite porque si no nos hubiéramos perdido de tantas obras. Salvando la distancia, mirá si Queen hubiera dicho “‘Rapsodia Bohemia’ no la hagamos, ¿como la defendemos en vivo? Mejor no la grabemos”. O discos de Cafe Tacvba, Los Beatles con “Eleanor Rigby”, si bien es verdad que ellos en ese momento ya no tocaban en vivo.

– B: Los Beatles se encerraron a hacer discos sin tocar en vivo porque su situación era que ya no daba que salieran a tocar en vivo. Salían a tocar sin escucharse, directamente. Entonces, ellos tuvieron un motivo. Pero si nosotros tenemos que grabar un disco para salir a tocarlo en vivo, hay que tener ciertas cosas en cuenta, ¿me entendés? Pero eso no quiere decir que el disco no pueda contener obras que hayan nacido para ser sólo parte del disco. Es conceptual, de hecho me encantaría poder grabar un disco que nunca lo toquemos en vivo, que sea una herramienta que pertenece sólo al estudio. De tanto tocar cosas, darle vueltas y que no se pueda reproducir en vivo. Me encanta esa idea.

– G: Es que son dos situaciones distintas. Por un lado tenes la grabación de un disco, y por otro el armado de un show en vivo. Muchas veces para armar un concierto en vivo tenés que hacer algunas maniobras que en el disco fueron distintas. Sin ir más lejos, para grabar el disco usamos 17 guitarras y acá hay dos nada más. Entonces, a la hora de armar un show estás pensando en eso y no puede haber nada que te limite. Y con la grabación del disco es igual, nada te puede limitar para que sea el mejor. Si un tema necesita un mellotrón, probémoslo. Si está bueno, después veremos qué pasa con ese mellotrón en el vivo.

– ¿En este disco metieron todo lo que quisieron meter?

– G: Sí, igual es un disco bastante crudo, también. Está todo hecho ahí, con los tres tocando en el estudio. Inclusive las canciones más distintas del disco, como “Somos polvo”, también están armadas así, en la sala, con los tres tocando a la vez.

– ¿Y cómo encuentran el equilibrio entre los temas lentos y los temas power?

– L: Siempre que sean lindas canciones, van a estar. Sabíamos que este disco teníamos que salir a tocarlo mucho en vivo, porque nos gusta mucho girar y porque hacía cuatro años que no sacábamos canciones nuevas. Quizás el próximo disco puede ser que no lo toquemos tanto en vivo, pero necesitábamos estas canciones, seguir tocando. Pero en ese sentido el criterio es que esté bueno el tema. Igual, siempre nos sale componer en la justa medida.

– Esa magia que no tiene mucha explicación.

– B: En el caso de este disco lo pensamos como un show en vivo, en cuanto a los climas.

Barro y Fauna les trajo muchas satisfacciones. Nominados a los Premios Gardel, por ejemplo. ¿Les cambia algo ganar premios?

– L: A ver, cambiarte te cambia. No te digo que te salva la vida ni que te cambia la carrera para siempre, pero te da un empujón importante. De todas formas, ya la nominación es para nosotros es un gran empujón. Obviamente que ganar un Latin Grammy es una bomba en toda Latinoamérica, te miran distinto. La primera vez que estuvimos nominados justo estábamos de gira por México y la verdad que la gente, o mismo en las entrevistas, te daban más bola por ese tema. Ni siquiera me imagino cómo sería si hubiésemos ganado. Lo mismo con los Premios Gardel.

– Ustedes trabajan con Sony. ¿Te soluciona la vida o te limita mucho estar con una compañía tan grande? ¿Creen que hubiesen estado nominados si sacaban el disco con otra compañía?

– B: Esa duda que a mí se me ha cruzado también se diluye en el momento que me acuerdo que estuvimos nominados con un disco que grabamos con nuestro propio sello, Marca tus Marcas, que ahora no lo seguimos utilizando pero con ese sello estuvimos nominados con Es (2010). Y eso ya nos confirma que no tienen nada que ver que estés con una discográfica gigante, ese lo hicimos totalmente independiente.

– ¿Y a nivel libertad artística?

– B: 100 por ciento. Toda la libertad.

– G: Creo que si no, no podríamos estar. No hay limitaciones, jamás nos impusieron ninguna limitación por pertenecer a la compañía. Todo lo contrario, son aliados. Están ahí para lo que necesitemos y nos ayudan a seguir realizando estos proyectos que quizás de otra manera para nosotros sería mucho más difícil, como ir a grabar un disco afuera. O el simple hecho de que el disco esté en todas las disquerías del país, eso es algo que tiene mucho valor. Nosotros en el pasado lo hemos hecho de otra manera y es muy difícil.

– L: En una época lo hicimos, ¿se acuerdan lo que era eso? Una locura.

– G: Sí, son distintos momentos. Pero tener un sello tan grande, con una estructura tan grande a disposición cien por cien y que la libertad sea total es genial. Que ellos escuchen el disco y nos digan “está buenísimo”.

– Las compañías se van dando cuenta de que no se pueden meter mucho tampoco.

– G: Sí, pero no todas.

– L: Además no todos los grupos funcionan igual. A nosotros nos cuentan que hay artistas que van a preguntarles a ellos como sello hacia dónde ir, o cómo hacen tal cosa.

– G: ¡O que necesitan canciones! Depende mucho del artista. En realidad el sello está para lo que nosotros necesitemos. Si les decimos que queremos grabar un disco pero no tenemos ni un tema, seguramente nos van a conseguir veinte temas, no sé.

– B: (Se ríe) Re aburrido sería.

– ¿Cómo es la relación con los colegas? ¿Sienten que se ganaron un lugar? ¿Dónde  están parados hoy en día?

– L: Si tuviéramos que medir la popularidad de la banda por cómo se nos ve en el ambiente, somos re grandes. Después, la que no nos conoce mucho es la gente (risas). Nos conoce la gente del ambiente, pero voy a la carnicería y el carnicero no me conoce. En ese sentido lo digo.

– Pasa que los temas tampoco son cancioneros o totalmente radiables.

– L: Sí, también me ha pasado con este disco, o con Huellas Digitales, que en el barrio el vecino se entere que yo tocaba en una banda, la empezó a escuchar y le gustó. Y ahí te das cuenta que es loco, porque si sonáramos más en la radio tal vez habría más gente a la que le gustaría la banda. Si bien podemos ser una banda con cierta complejidad musical, no creo que sea un impedimento para escuchar la canción.

 

“Lula cumplime el sueño de cantar con vos”, reza el cartel que sostiene una chica que llegó desde La Quiaca para asistir al show. “Como le vas a decir que no con ese cartel”, bromea Brenda.

La lista de temas de Jujuy es muy similar a la de anoche en Tucumán, sólo agregan “El balcón”. Promediando el show, se corta la luz, situación que manejan y aguantan con un acústico improvisado. Son esas cosas que marcan a fuego a los presentes. En Jujuy siempre pasan cosas y de eso no se olvidarán ni la banda ni el público. El pacto se sella con la participación de la chica del cartel, que al grito de “¡Viva Jujuy! ¡Viva La Quiaca!”, acompaña a Lula en la voz de “Amor ausente”. Se trata de uno de los puntos altos y emotivos de la noche.

 

Luego del show, se quedan casi cuarenta minutos entre el público, conversando, sacándose fotos y firmando cuanto autógrafo les piden.

– ¿Están haciendo la carrera que quieren hacer?

– B: A mí no me gusta llamarle carrera, me parece que lo importante es el camino. No estamos apurados de llegar a ningún lado. Ese sería el sentido de estar en una carrera. Tampoco queremos llegar antes que nadie, me parece que está buenísimo lo que estamos haciendo. Despierta ese espíritu de tocar en vivo, de seguir haciendo canciones.

– L: Y de respetar nuestros tiempos de vida. Nosotros nos dimos el lujo de cortar para tener hijos. Si estuviéramos en una carrera para llegar a algún lado no nos hubiésemos dado ese tiempo. Eso fue muy importante.

– Cuando volvieron después de ese parate habrá sido con otra cabeza. Muchas cosas habían cambiado.

– B: Y siguen cambiando. Se te duplica la vida y va cambiando todo a un ritmo totalmente desconocido todo el tiempo.

– ¿Y ya se acomodaron?

– B: Es que creo que no te acomodas nunca, es acompañar a otra persona en su crecimiento. Te cambian los tiempos todo el tiempo, estamos adaptándonos y viendo cómo compartir la mayor cantidad de tiempo con ellos y hacer lo que hacemos.

– ¿Cómo es el día a día de los tres cuando no están en gira?

– L: No tenemos una rutina.

– G: Depende de muchas cosas. Si estamos preparando un show capaz que nos juntamos todos los días. Si estamos entre giras, capaz que no nos juntamos en dos meses. Si preparamos un disco, capaz tres o cuatro veces por semana. Nunca es igual. Es que le ponemos mucho huevo, mucho amor, mucha energía. Entonces cuando termina una gira y volvemos dos o tres días a casa, está buenísimo disfrutar de la otra parte de la vida. Las chicas con sus hijos, yo tiempo para mí. Como compañeros de trabajo, si viene alguna de las chicas y me dice “che, me encantaría que no ensayemos en todo el mes porque voy a estar con mi hijo”, ¡yo haría lo mismo! No les voy a decir “tenemos que seguir porque hay que sacar este tema”. Hay que ponerse en el lugar y el momento de cada uno. Somos demasiado afortunados de hacer lo que nos gusta, que encima nos vaya bien y nos garpen por eso. ¡Somos demasiado afortunados! Por eso no serviría hacer de esto un martirio, un sufrimiento de tener que estar sí o sí todos los días a las siete de la mañana en la sala. Si podemos estar tranquilos y estar bien, mejor así.

– Le dan mucha bola a lo visual, lo estético. Desde la indumentaria, la puesta en escena del vivo y los videoclips

– B: Sí, creo que lo visual refleja la forma que tenemos de hacer música. Y si la gente nos va a ver en vivo va a usar sus ojos, y está bueno ofrecerles lo que a nosotros estéticamente nos parece que mejor acompaña a las canciones. Tiene que ver con eso. Así como le ponemos dedicación para que las canciones suenen lindo, lo mismo pasa con lo que se ve.

– Mirando el futuro, ¿se imaginan tocando hasta que sean viejos?

– B: ¡Yo sí me imagino, me encantaría! Ser como los Rolling Stones. Llegar hasta viejo así, con onda, debe estar re bueno.

– L: Hasta que los chicos digan “mami, bajate por favor” (risas).

– Hasta que el cuerpo aguante.

– B: Yo me imagino que sí, siempre que esté vivo y despierto el espíritu de la música.

– G: Es que mientras disfrutemos tanto nunca vamos a estar desesperados por el retiro. El tema es si lo dejás de disfrutar. Si alguien llega a cierta edad y trabaja de algo que no le gusta, está desesperada por retirarse. Pero al trabajar de algo que te gusta tanto, lo vamos a disfrutar tanto como hoy. El otro día vi un video de un baterista que se llama Roy Haynes, que tiene 94 años, tocando en un club de jazz en Nueva York. Tocando de una manera que lo ves disfrutar y parece que tuviera treinta. Es como que se transforma el chabón.

– B: Bueno, ¿y McCartney, que lo fuimos a ver ahora? ¿Cómo puede ser?

– G: Claro, ¡y tiene 75 años! El tipo no toma agua durante todo el show, toca y canta más de tres horas. ¡Hasta sube la escalerita del piano corriendo!

– L: Y claramente no tiene la necesidad económica.

– Después de mucho tiempo instalados en Buenos Aires, ¿extrañan Córdoba?

– L: Si, se extraña.

– B: La verdad que nos encanta ir a Córdoba, cada show es especial. Por ejemplo, fue donde presentamos Barro y Fauna, donde hicimos una puesta más imponente, más acorde al lugar. Siempre tratamos de dar algo más. Pasa que más allá de que seamos de ahí es una plaza muy importante, entonces todo va de la mano.

– L: Si, es distinto. Amigos, familiares.

– B: Siempre está el desafío de volver a conquistarlo. Es que como hay confianza, ¿viste? (risas)

– ¿Y el público de los inicios sigue yendo a verlos?

– B: ¡Si! En el show en Plaza de la Música había un montón de gente de la primera época y estuvo re emocionante. Muchos con sus hijos. También hay gente que nos conoce de las primeras épocas y que ya no vive más en Córdoba, entonces cuando vamos viajando por el país los encontramos en otras provincias.

– El feeling con la gente es muy fuerte. A través de redes sociales siempre tiran algún video en vivo en plena prueba, interactúan mucho con el público.

– G: Siempre fue así, desde que no existían las redes sociales actuales.

– Es raro porque hay muchas bandas que no le dan bola a eso, o después de un tiempo se cansan.

– G: ¿Sabes qué pasa? Está bueno ser accesible. A mí me hubiese encantado que las bandas que me gustaban cuando era chico fueran accesibles, pero era imposible. Llegar a charlar un ratito después de un show con alguien era imposible. Entonces está bueno ser así. Siempre que se pueda, claro. Tampoco es que ponemos más energía en eso que en ensayar.

– B: Lo mismo con las bandas que te escriben, que te mandan su música. Está bueno poder responderles, porque nos ha pasado de escribirles a músicos y nada.

– Cuando giran siempre tienen contacto con bandas de cada lugar. ¿Siguen en contacto con ellos? ¿Han pegado onda con muchos?

– L: Sí, con algunos más y con otros menos, digamos. Es natural, es lindo. Nos dan muchos discos, hay cosas muy buenas.

– G: La verdad que hay cosas muy buenas. Te puede pasar que venga una banda que no conoces y te dé su disco, y sea Sig Ragga. Entonces uno tiene que estar abierto a escuchar. Ahora estoy escuchando mucho una banda de Montevideo que me dio el disco hace poco. Se llaman Socio. ¡Están buenísimos! Viste que no hay un uruguayo que no tenga talento, no conozco (risas). Es impresionante.

 

La gira termina al día siguiente en Salta. Es la cuarta vez que la banda toca en esta ciudad. Las anteriores habían ocurrido en el ya extinto Euphoria y en distintas ediciones del Personal Fest.

Luego de la producción de fotos en el Paseo Balcarce, entre artesanías, pochoclos y selfies con algunos curiosos, la banda puede distenderse un rato en este ajetreo constante que es la gira.

El show salteño es en el Teatro del Huerto, un recinto algo extraño para este tipo de recitales. Sirve para demostrar una vez más la angustiante falta de lugares acordes para que el rock pueda mantener una agenda decente en nuestra ciudad. Domingo, frío y las condiciones mencionadas atentan un poco a la convocatoria pensada por la producción, que esperaba cortar unos 400 tickets.

Es el show diferente de la gira. El teatro permite modificar un poco la lista y agregar temas (“Corazón delator”, cover de Soda Stereo) o versionar algunas canciones. Pero la calma que todos esperaban se ve interrumpida desde el segundo tema, cuando las casi 300 personas no aguantan sentadas y, previa invitación de Lula, abandonan sus butacas para vivir todo el show de pie amontonados en las primeras filas. Linda sorpresa para la banda, que está muy cómoda en un escenario grande y con bastante agite de frente. Para seguir con la rutina post show, nuevamente se quedan casi una hora firmando autógrafos, charlando con la gente y sacándose fotos.

– Mirando al futuro, ¿Latinoamérica es un objetivo que se plantean?

– B: ¡Sí! Colombia, Chile, que no pase tanto tiempo para volver a México, Bolivia, Uruguay. La idea es volver un poco más seguido, tal vez una o dos veces por año para que rinda y dé sus frutos cada visita.

– ¿Y Barro y Fauna para cuánto tiempo? ¿Cuál es el plan?

– L: Vamos a ir viendo.

– G: La idea es tocarlo para siempre (risas)

– B: Por lo menos este año es del disco, de presentación, de salir a tocar afuera bastante. Después, ¡vamos viendo!

 

* Entrevista publicada originalmente en el número 22 de la revista Rock Salta (Agosto 2017).

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